La mamada de la “epidemia de autismo.”

Seguimos con el 3ro de los 50 términos en psicología y psiquiatría que deberían ser evitados.  Lilienfeld, Sauvigné, Lynn, Cautin, Latzman y Waldman (2015) nos presentan estos términos que todo psicólogo, estudiante y profesor de psicología debe tener en cuenta ya que son incorrectos, engañosos, mal empleados, ambiguos o con palabras de lógica confusa. Como siempre al final de esta traducción del extracto del artículo les presento la referencia con el artículo original que puede ser descargado de manera gratuita. Si piensa usted que este artículo es informativo y vale la pena haga favor de compartirlo con quienes podrían beneficiarse, ya que la educación sobre estos temas debe ser un bien común.

Twin boys who function on the opposite ends of the autism spectrum.
26 Feb 2007, Twinsburg, Ohio, USA — Twin boys who function on the opposite ends of the autism spectrum. — Image by © Jodi Cobb/National Geographic Creative/Corbis

3. Epidemia de autismo.

Se ha dedicado un gran esfuerzo por descubrir las fuentes de la “epidemia de autismo” (p. ej., King, 2011), el supuesto incremento masivo en la incidencia y prevalencia de autismo, ahora llamado trastorno de espectro autista, a través de los últimos 25 años. Los factores causales siendo implicados en esta “epidemia” que se han propuesto incluyen las vacunas, ver la televisión, alergias en la dieta, antibióticos y los virus.

Sin embargo, hay poca evidencia de que esta supuesta epidemia refleja un incremento genuino en los índices de autismo per se a diferencia de un incremento en el diagnóstico derivado de varios sesgos y artefactos, incluyendo un aumento en la conciencia social sobre los rasgos del autismo (“sesgo por detección”), incremento en los incentivos para los distritos escolares que reportan diagnósticos de autismo y una reducción de los umbrales diagnósticos para autismo a través de ediciones sucesivas del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (Gernsbacher et al., 2005; Lilienfeld and Arkowitz, 2007). En efecto, los datos indican que cuando los criterios de diagnóstico para autismo se mantenían constantes, los índices de este trastorno se mantuvieron esencialmente constantes entre 1990 y 2010 (Baxter et al., 2015). Si los índices de autismo se están incrementando, el incremento parecería ser mínimo a lo mucho, difícilmente justificando la afirmación generalizada de una “epidemia.”

A continuación les dejo la referencia al artículo que pueden descargar gratuitamente:

Lilienfeld SO, Sauvigné KC, Lynn SJ, Cautin RL, Latzman RD and Waldman ID (2015) Fifty psychological and psychiatric terms to avoid: a list of inaccurate, misleading, misused, ambiguous, and logically confused words and phrases. Front. Psychol. 6:1100. doi: 10.3389/fpsyg.2015.01100

La mamada del “medicamento antidepresivo.”

Continuamos con los extractos del artículo publicado por el equipo de investigadores, Lilienfeld, Sauvigné, Lynn, Cautin, Latzman y Waldman (2015), quienes nos presentan 50 términos psicológicos y psiquiátricos que deberían ser evitados. El artículo está dividido en diferentes clases de términos -incorrectos, engañosos, mal empleados, ambiguos y con palabras de lógica confusa- que no deberían ser empleados por profesores de psicología y sus estudiantes. A continuación les presento el segundo en la sección de “términos incorrectos o engañosos.”

2. Medicamento antidepresivo.

Medicamentos, tales como los tricíclicos, inhibidores selectivos de la recaptura de serotonina e inhibidores selectivos de la recaptura de serotonina y norepinefrina, son llamados “antidepresivos” de forma rutinaria. Sin embargo hay poca evidencia de que estos medicamentos son más eficaces para tratar (o prevenir recaídas de) trastornos del estado de ánimo que para varias otras condiciones, tales como trastornos relacionados con ansiedad (p.ej., trastorno por pánico, trastorno obsesivo-compulsivo; Donovan et al., 2010) o bulimia nervosa (Tortorella et al., 2014). Por lo tanto, su especificidad para depresión es dudosa, y su nombre deriva más de precedencia histórica -la evidencia inicial para su eficacia nace de investigación en depresión (France et al., 2007)- que desde evidencia científica. Además, algunos autores argumentan que estos medicamentos son considerablemente menos eficaces de lo que comúnmente se proclama y son solo de beneficio para la depresión severa, pero no la leve y moderada, lo que quiere decir que la etiqueta de “antidepresivo” es potencialmente engañosa (Antonuccio y Healy, 2012; pero véase Kramer, 2011, para un punto de vista alternativo).

Capsules with antidepressants in a blister pack
Capsules with antidepressants in a blister pack — Image by © Doc-Stock/Corbis

Lo que los autores nos quieren decir es que estos medicamentos han sido llamados antidepresivos solamente porque fueron empleados para tratar la depresión en un inicio, no porque fueron desarrollados conociendo el mecanismo exacto por medio del cual serían de beneficio. Se los administraban a pacientes psiquiátricos con depresión profunda y observaron que mejoraban sus síntomas. Hay muchos investigadores y autores que han presentado evidencia de que no son tan útiles para depresión leve a moderada, e incluso algunos que afirman que su efecto se podría deber a un efecto placebo activo. También hay que tomar en cuenta los riesgos de efectos secundarios que presentan en aquellos pacientes que los toman, sobre todo el incremento en intentos de suicido en poblaciones jóvenes. Antes de pensar en recomendar el uso de estos medicamentos tenemos la obligación de estar bien informados y educar a nuestros clientes/pacientes y sus familiares.

A continuación les dejo la referencia al artículo que pueden descargar gratuitamente:

Lilienfeld SO, Sauvigné KC, Lynn SJ, Cautin RL, Latzman RD and Waldman ID (2015) Fifty psychological and psychiatric terms to avoid: a list of inaccurate, misleading, misused, ambiguous, and logically confused words and phrases. Front. Psychol. 6:1100. doi: 10.3389/fpsyg.2015.01100

La mamada del “gen para la…”

A continuación les presento un extracto del artículo publicado recientemente por un grupo de investigadores que introduce aquellos términos que los psicólogos o psiquiatras debemos evitar. Es un excelente artículo que puede ser descargado gratuitamente y cuyo objetivo es “promover el pensamiento claro y la escritura clara entre estudiantes y profesores de la ciencia psicológica.” El artículo está dividido en diferentes clases de términos que deberían ser evitados por quienes enseñan psicología y los estudiantes. A continuación les presento el primero en la sección de “términos incorrectos o engañosos.”

Un gen para…

Los medios de comunicación están repletos de reportajes en donde se identifican “genes para” un gran número de fenotipos, incluyendo rasgos de personalidad, trastornos mentales, homosexualidad, y actitudes políticas (Sapolsky, 1997). Por ejemplo, en el 2010, The Telegraph (2010) pregonaba con el titular, “Gen liberal descubierto por científicos.” Sin embargo, debido a que los genes codifican para proteínas, no hay ningún “gen para” fenotipos per se, incluyendo fenotipos conductuales (Falk, 2014). Además, estudios de asociación genómica a gran escala para los principales trastornos psiquiátricos, tales como esquizofrenia y trastorno bipolar, sugieren que probablemente hay pocos o ningún gen de gran efecto (Kendler, 2005). En este respecto, estos trastornos son diferentes a trastornos médicos de un solo gen, tales como la enfermedad de Huntington o fibrosis cística. La misma conclusión es probablemente cierta para todos los rasgos de personalidad (De Moor et al., 2012).

No es sorprendente que, las primeras afirmaciones de que el gen para la monoamino oxidasa A (MAO-A) es un “gen guerrero” (McDermott et al., 2009) no han pasado el escrutinio. Este polimorfismo parece estar solo modestamente asociado con un riesgo para agresión, y ha sido reportado como estado asociado con condiciones que no están ligadas a un riesgo marcadamente  elevado de agresión, tales como depresión mayor, trastorno de pánico, y trastorno de espectro autista (Buckholtz y Meyer-Lindenberg, 2013; Ficks y Waldman, 2014). La evidencia para un “gen Dios,” el cual supuestamente predispone a la gente hacia experiencias místicas o espirituales, se puede decir que es aun menos impresionante (Shermer, 2015) y no más convincente que la que existe para el “punto o región de Dios” en el cerebro (véase “punto o región de Dios”). A propósito, el término “gen” no debe confundirse con el término “alelo”; los genes son tramos de ADN que codifican para una característica morfológica o conductual dada, mientras que los alelos son versiones diferentes de un polimorfismo específico en un gen (Pashley, 1994).

DNA Structure
Stylized illustration of strands of human DNA, deoxyribonucleic acid. — Image by © Science Picture Co./Corbis

En otras palabras, no hay trastorno o problema psicológico, ni rasgo de personalidad que sea debido a un solo gen. Los genes codifican proteínas y no conductas o trastornos complejos. Por ejemplo, hay personas que son más introvertidas que otras. Esto probablemente se debe a la combinación de muchos genes involucrados en diferentes procesos que en conjunto generan ese fenotipo de introversión gracias a la presencia de diferentes alelos o versiones de esos mismos genes en un individuo. Lo cual quiere decir, que no vamos a encontrar un solo gen para la depresión, o para ser bueno en los deportes, o para ser más agresivo o dedicado en el trabajo, para el espectro autista, etc.

A continuación les dejo la referencia al artículo que pueden descargar gratuitamente:

Lilienfeld SO, Sauvigné KC, Lynn SJ, Cautin RL, Latzman RD and Waldman ID (2015) Fifty psychological and psychiatric terms to avoid: a list of inaccurate, misleading, misused, ambiguous, and logically confused words and phrases. Front. Psychol. 6:1100. doi: 10.3389/fpsyg.2015.01100

La mamada (mito) de la baja autoestima

A continuación les presento la sección dedicada al mito de la baja autoestima como causa principal de problemas psicológicos en el libro de Lilienfeld et al., 50 Grandes Mitos de la Psicología Popular.

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Mito #33 

La baja autoestima es una de las principales causas de problemas psicológicos

En la mañana del 20 de Abril de 1999 –quizás no por casualidad, el 110º aniversario del nacimiento de Adolfo Hitler– dos estudiantes adolescentes vestidos en gabardinas negras se pasearon de forma calmada dentro de la escuela preparatoria Columbine en Littleton, Colorado. Aunque eran esencialmente desconocidos antes de esa mañana, Eric Harris y Dylan Klebold se volverían nombres muy conocidos en los Estados Unidos para el final del día. Armados con una variedad de pistolas y bombas, alegremente persiguieron y mataron a 12 estudiantes y un maestro antes de matarse a sí mismos.

En cuanto ocurrió la tragedia de Columbine un desfile de expertos en salud mental y comentadores sociales se tomaron a las ondas radiales para especular sobre sus causas. Aunque estos comentaristas invocaron una serie de posibles influencias, una surgió como la clara favorita: baja autoestima. Las opiniones expresadas en un sitio de la web eran típicas:

La balacera en Columbine y en otras escuelas a través del país continúan el aterrador patrón de chicos disparando a chicos… Aun cuando el mantener las pistolas fuera de las manos de nuestros hijos es crítico, el enseñarles a valorarse a sí mismos y a otros es aun más importante. (www.axelroadlearning.com/teenvaluestudy.htm)

Otros han explicado la supuesta epidemia reciente de balaceras escolares a través de los Estados Unidos en términos de una marcada disminución del autoestima en los niños (decimos “supuesta” ya que la afirmación de que las balaceras en escuelas se han vuelto mucho más comunes es en sí un mito; Cornell, 2006). Los pocos profesionales en salud mental que han cuestionado esta sabiduría prevaleciente de manera pública no siempre han sido bien recibidos. Durante un talk show televisado en los 1990s, una psicóloga pacientemente trataba de explicar las múltiples causas subyacentes en la violencia adolescente. Un productor asociado, creyendo que los argumentos de la psicóloga eran innecesariamente complicados, agitó con molestia hacia ella una gran tarjeta que simplemente leía “¡AUTOESTIMA!” (Colvin, 2000).

De hecho, muchos psicólogos populares han mantenido por mucho tiempo que la baja autoestima es el principal culpable en generar muchas conductas dañinas, incluyendo violencia, depresión, ansiedad, y alcoholismo. Desde el clásico de Vincent Peale (1952) El poder del pensamiento positivo en adelante, los libros de auto-ayuda que proclaman las virtudes del autoestima se han vuelto elementos habituales en librerías. En su libro bestseller, Los seis pilares del autoestima, el guru del autoestima Nathaniel Branden insistía que uno:

no puede pensar en un solo problema psicológico –desde ansiedad hasta depresión, desde miedo a la intimidad o al éxito, desde violencia doméstica o abuso de menores– que no se pueda rastrear hacia el problema de baja autoestima. (Branden, 1994)

La National Association for Self-Esteem (Asociación Nacional para el Autoestima) de forma similar afirma que:

Se ha documentado una relación cercana entre la baja autoestima y problemas tales como violencia, alcoholismo, abuso de drogas, trastornos de la alimentación, deserción escolar, embarazos adolescentes, suicidio, y bajo desempeño escolar. (Reasoner, 2000)

La percepción de que la baja autoestima es perjudicial para la salud psicológica ha ejercido un gran impacto en las políticas públicas. En 1986, California financió un Equipo Especial en Autoestima y Responsabilidad Personal y Social por alrededor de $245,000 dólares al año. Su objetivo era examinar las consecuencias negativas de la baja autoestima y encontrar maneras para remediarla. El principal proponente detrás de este equipo especial, el parlamentario estatal de California John Vasconcellos, sostuvo que el mejorar el autoestima de los ciudadanos de California ayudaría a equilibrar el presupuesto del estado (Dawes, 1994).

El movimiento de la autoestima también se filtró dentro de las prácticas educacionales y ocupacionales prevalecientes. Muchos maestros de escuela en Estados Unidos piden a los niños que generen listados de aquello que los hace buenas personas esperando que esto mejore el valor propio de sus pupilos. Algunas ligas atléticas ofrecen trofeos a todos los estudiantes para evitar que los competidores que pierden se sientan inferiores (Sommers & Satel, 2005). Una escuela primaria en Santa Monica, California prohibió que los niños jugaran a la roña ya que “los niños no se sentían bien al respecto” (Vogel, 2002), aun más otras escuelas se refieren a los niños que no tienen buena ortografía como “deletreadores individuales” para evitar lastimar sus sentimientos (Salerno, 2009). Varias compañías de EUA también se unieron a la moda de la autoestima. La Scooter Store, Inc., en New Braunfels, Texas, contrató a un “asistente de celebraciones” quien está asignado a lanzar más de 10 kilos de confeti cada semana a los empleados en un esfuerzo por aumentar su valor propio, y el Container Store ha instituido “Mensajes de Voz Celebratorios” para proveer halagos continuos a sus trabajadores (Zaslow, 2007).

Además, el Internet está lleno de libros educacionales y productos con el propósito de aumentar la autoestima de los niños. Un libro, Juegos del autoestima (Sher, 1998), contiene 300 actividades para ayudar a los niños a sentirse bien sobre sí mismos, tales como repetir afirmaciones positivas que enfatizan su singularidad, y otro libro, 501 maneras para aumentar la autoestima de sus hijos (Ramsey, 2002), fomenta que los padres den más voz en las decisiones familiares, tales como permitirles decidir cómo ser castigados. Uno puede mandar pedir una “Baraja de Preguntas sobre Autoestima” de tarjetas que consisten en preguntas diseñadas para recordarnos de nuestros logros –como “¿Cuál es un objetivo que ha alcanzado?” y “¿Qué distinción ha recibido anteriormente y de la cual está orgulloso?” Uno hasta puede comprar un tazón para cereal estampado en letras grandes con afirmaciones positivas, como “¡Soy talentoso!” y “¡Soy guapo!”

Pero hay una mosca en la sopa. La mayoría de la investigación muestra que una baja autoestima no está asociada de manera fuerte con una pobre salud mental. En un meticuloso –¡y probablemente doloroso!– análisis de revisión, Roy Baumeister, Jennifer Campbell, Joachim Krueger, y Kathleen Vohs (2003) sondearon toda la evidencia disponible –más de 15,000 estudios– vinculando al autoestima con casi toda variable psicológica concebible. Al contrario de las afirmaciones generalizadas, encontraron que la autoestima está mínimamente relacionada al éxito interpersonal. Ni está la autoestima consistentemente relacionada con fumar, abuso de alcohol, o abuso de drogas. Además, descubrieron que aunque la autoestima está asociada de manera positiva con el desempeño escolar, no parece ser su causa (Mercer, 2010). En su lugar, un mejor desempeño escolar parece contribuir a un alto autoestima (Baumeister et al., 2003). Es  probable que algunas investigadores previos han malinterpretado la correlación entre autoestima y desempeño escolar como reflejando un efecto causal directo de la autoestima (véase Introducción, pág. 13). Además, aunque la autoestima está asociada con depresión, esta correlación solo es moderada en tamaño (Joiner, Alfano, & Metalsky, 1992). Como consecuencia, “una baja autoestima no es necesaria ni suficiente para depresión” (Baumeister et al., 2003, pág. 6).

Aún así, lectores con alta autoestima no necesitan perder esperanza. La autoestima parece aportar dos beneficios (Baumeister et al., 2003). Decimos “parece” porque estos descubrimientos son solamente correlacionales y pudieran no ser causales (véase Introducción, pág. 13). Dicho esto, la autoestima está asociada con mayor (1) iniciativa y persistencia, esto es, la disposición para intentar tareas y mantenerse con ellas cuando surgen dificultades, y (2) felicidad y resiliencia emocional.

La autoestima también está relacionada con una tendencia a verse a uno mismo de forma más positiva que los demás. Individuos con alto autoestima se consideran a sí mismos de manera consistente como más listos, más atractivos físicamente, y más agradables que otros individuos. Sin embargo estas percepciones son ilusorias, porque gente con alta autoestima no califican más alto que otras personas en medidas objetivas de inteligencia, lo atractivo, y popularidad (Baumeister et al., 2003).

Cuando se trata de violencia, la historia se vuelve más complicada. Hay algo de evidencia de que la baja autoestima está asociada con un riesgo elevado de agresión física y delincuencia (Donnellan, Trzesniewski, Robins, Moffitt, & Caspi, 2005). Sin embargo una alta autoestima no protege a la gente de la violencia. Al contrario, un subgrupo de individuos con alta autoestima –específicamente, aquellos cuya autoestima es inestable– están en mayor riesgo para agresión física (Baumeister, 2001). Estos individuos tienden a ser narcisistas y se creen merecedores de privilegios especiales, o los llamados “derechos” narcisistas. Cuando son confrontados con un desafío a su valor percibido, o lo que los psicólogos clínicos denominan “herida narcisista,” son probables en agredir a los demás.

Es interesante que, Harris y Klebold parecían ser todo menos inseguros de sí mismos. Ambos estaban fascinados con el nazismo y preocupados con fantasías de dominación global. Los diarios de Harris revelaron que se veía a sí mismo como moralmente superior a los demás y sentía menosprecio por casi todos sus pares. Harris y Klebold habían sufrido frecuentemente de bromas por sus compañeros de clase, y la mayoría de los comentaristas asumieron que este maltrato produjo baja autoestima, reforzando el riesgo de Harris y Klebold para la violencia. Estos comentaristas probablemente fueron presas de razonamiento post hoc, ergo propter hoc (después de esto, por lo tanto debido a esto) (véase Introducción, pág. 14), lo cual pudiera ser la clave del mito de la baja autoestima. Por más tentador que pudiera ser, no podemos tomar la inferencia de que debido a que la burla precede a la violencia, necesariamente la produce. En su lugar, el alto autoestima de Harris y Klebold pudiera haberlos llevado a percibir las burlas de sus compañeros de clase como amenazas a sus sentidos inflados de valor propio, motivándolos a buscar venganza.

En una serie de experimentos ingeniosos, Brad Bushman, en colaboración con Baumeister, le pidió a participantes que escribieran ensayos expresando sus actitudes hacia el aborto (véase también Mito #30). Un asistente de investigación haciéndose pasar por otro participante evaluó cada ensayo. Sin que los participantes estuvieran enterados, esta evaluación era una completa artimaña. De hecho, Bushman y Baumeister asignaron de manera aleatoria a mitad de los participantes para recibir comentarios positivos (“¡Sin sugerencias, excelente ensayo!”), y la otra mitad comentarios negativos (“¡Este es uno de los peores ensayos que he leído!”). Después los participaron tomaron parte en una “competencia” simulada permitiéndoles contraatacar a su evaluador de ensayos con un estallido de ruido fuerte y molesto. Los participantes narcisistas  respondieron a las evaluaciones negativas bombardeando a sus oponentes con ruidos significantemente más fuertes que los otros participantes. Las evaluaciones positivas no produjeron tal efecto (Bushman & Baumeister, 1998).

De manera consistente con estos hallazgos, los “bullies” y algunos niños agresivos tienden a tener percepciones generalmente positivas de cómo los demás los aprecian (Baumeister et al., 2003). Christopher Barry y sus colegas le pidieron a niños agresivos y no agresivos estimar su popularidad entre sus pares y compararon sus calificaciones con clasificaciones reales obtenidas de sus pares. Los niños agresivos son más probables que los niños no agresivos en sobreestimar su popularidad; esta tendencia estaba especialmente marcada entre niños narcisistas (Barry, Frick, & Killian, 2003; Emler, 2001).

Las implicaciones de estos hallazgos son preocupantes, especialmente si consideramos la popularidad de programas de autoestima para adolescentes en riesgo. La Asociación Nacional para la Autoestima recomienda 13 programas –muchos volando bajo el cartel de “programas de educación afectiva”– diseñados para reforzar el autoestima de muchos jóvenes llenos de problemas (http://www.self-esteem-nase.org/edu.php). Además, muchas prisiones han desarrollado programas de autoestima para reducir la reincidencia. La investigación que hemos descrito sugiere que estos programas podrían producir consecuencias negativas, especialmente entre participantes en alto riesgo de agresión. Lo único que Eric Harris y Dylan Klebold no necesitaban era un autoestima más alto.

Un breve extracto de un meta-análisis sobre intervenciones psicoterapéuticos basadas en el perdón

10th anniversary of the September 11 Attacks

A continuación les presento un extracto de un artículo publicado recientemente sobre la eficacia de modelos teóricamente basados de intervención en perdón. Los autores del estudio, Wade, Hoyt, Kidwell & Worthington (2013) realizaron un meta-análisis en donde toman los datos de 54 estudios publicados y no publicados sobre intervenciones explícitamente aplicadas para promover el perdón. El modelo Enright y el modelo Worthington de intervenciones en perdón pueden ser aplicadas de manera individual y grupal. El extracto inicia a continuación:

El estudio psicológico del perdón ha aumentado dramáticamente en las últimas dos décadas (Fehr, Gelfand, & Nag, 2010; Worthington, 2005), especialmente en la exploración de intervenciones diseñadas de manera explícita para promover el perdón. La evidencia inicial apoya la eficacia de estas intervenciones en perdón, mostrando que pueden ayudar a los participantes a incrementar su grado de perdón por una ofensa o daño, aumentando la esperanza y bienestar psicológico, y disminuyendo depresión, ansiedad, y enojo (Baskin & Enright, 2004; Wade, Worthington, & Meyer, 2005).

Definición del Perdón

¿Qué es “perdonar”? De acuerdo al consenso que emerge entre los investigadores en intervenciones, el perdonar puede incluir tanto (a) la reducción de pensamientos, sentimientos, y motivos de venganza y enojo que pueden estar acompañados de (b) un aumento en alguna forma de pensamientos, sentimientos, y motivos positivos hacia la persona que ofende (Wade & Worthington, 2003). Así, el perdonar se entiende como una experiencia principalmente interpersonal que no incluye reconciliación con la persona que ofende aun cuando la reconciliación pudiera acompañarla. La mayoría de los investigadores están de acuerdo que el perdonar no es olvidar, condonar, o excusar la mala conducta, y tampoco es simplemente lo opuesto o la ausencia de amargura y vengatividad (i.e., falta de perdón, Wade & Worthington, 2003; véase un acuerdo esencial entre 20 equipos de investigadores en Worthington, 2005).

Dada esta definición, el buscar promover el perdón en psicoterapia es más que simplemente reducir enojo, amargura, y ruminación vengativa. Con muchos clientes, la simple reducción o eliminación de pensamientos y sentimientos negativos pudiera ser considerado un éxito psicoterapéutico. Sin embargo, algunos psicoterapeutas se han preguntado, ¿Qué más se puede hacer por mis clientes que han experimentado un daño significante? (p. ej., DiBlasio & Benda, 1991). En respuesta a esta pregunta, investigadores y clínicos han propuesto que ayudar a los clientes a perdonar pudiera ser un enfoque útil en psicoterapia (Enright, 2001; Worthington, 2001). Esto está en línea con la perspectiva de la psicoterapia positiva la cual busca atender hacia y desarrollar fortalezas en lugar de solo minimizar problemas (Gelso & Woodhouse, 2003; Seligman, Rashid, & Parks, 2006). Así, la promoción del perdón como una técnica psicoterapéutica es más que simplemente reducir pensamientos y sentimientos negativos pero también incluye ayudar a los clientes a avanzar hacia un funcionamiento más positivo, incluso óptimo.

Intervenciones Explícitas en Perdón

Como resultado, se han desarrollado varios modelos teóricos de perdón para promover el perdonar (p. ej., Enright, 2001; Luskin, 2007; Worthington, 2001). Grupos de investigadores encabezados por Enright y Worthington han liderado el camino en la investigación de eficacia de estas intervenciones. El modelo de tratamiento de Enright contiene 20 pasos (Enright & Fitzgibbons, 2000), los cuales están resumidos en cuatro fases: Descubrimiento (de sentimientos negativos sobre la ofensa), Decisión (para buscar el perdón por una instancia específica), Trabajo (hacia entender a la persona ofensora), y Hallazgo (de resultados positivos no anticipados y empatía hacia la persona ofensora). Cada una de estas fases incluyen varios pasos más pequeños dentro de ellas. Por ejemplo, dentro de la fase de Trabajo, los clientes trabajan hacia entender al ofensor, desarrollar compasión, aceptar/absorber el dolor, y considerar dar el regalo del perdón al ofensor (Enright, 2001). La eficacia del modelo Enright ha sido demostrado con varios grupos tan diversos como adultos sobrevivientes de incesto (Freedman & Enright, 1996), padres que han adoptado niños con necesidades especiales (Baskin, Rhody, Schoolmeesters, & Ellingson, 2011), y pacientes internados que están luchando con adicción al alcohol y drogas (Lin, Mack, Enright, Krahn, & Baskin, 2004).

El otro grupo primario de investigación ha conducido investigación alrededor del modelo de Perdón REACH de Worthington (2001).  Cada letra en el acrónimo REACH representa un componente principal en el proceso del perdón. En el primer paso de este modelo, los participantes recuerdan (R) el daño que experimentaron y las emociones asociadas con este. Después, los participantes trabajan para empatizar (E) con su ofensor, tomar la perspectiva de otro, y considerar factores que pudieran haber contribuido a las acciones del ofensor. Esto se hace sin condonar las acciones del otro o invalidando los sentimientos muchas veces fuertes que la persona ofendida tiene como respuesta. Tercero, los participantes exploran la idea de que el perdonar puede ser un regalo altruista (A) hacia el ofensor. Los participantes aprenden que el perdón se puede dar de manera libre o retenido legítimamente y recuerdan las veces en que otros los han perdonado. Cuarto, los participantes hacen un compromiso (C) para perdonar. Esto incluye comprometerse al perdón que uno ya ha alcanzado así como comprometerse a trabajar hacia más perdón, sabiendo que este es un proceso que muchas veces requiere tiempo para madurar. Por último, los participantes buscan sujetarse (H por su sigla en inglés) de o mantener su perdón a través de momentos de incertidumbre o ante el retorno del enojo y amargura (p. ej., si son lastimados de nuevo de manera similar).

Meta-análisis previos han indicado que intervenciones de esta naturaleza pueden promover de manera efectiva el perdón (Baskin & Enright, 2004; Wade et al., 2005). En uno de los primeros meta-análisis sobre la eficacia de intervenciones en perdón, Baskin y Enright encontraron que en nueve estudios de terapia individual y grupal (N = 330 participantes), intervenciones explícitas en perdón aumentaron el perdón, esperanza, y autoestima, y redujeron ansiedad y depresión.

Conclusiones de los autores del meta-análisis

Parece ser que el usar intervenciones en perdón teóricamente basadas es una buena elección para ayudar a los clientes a lidiar con ofensas pasadas y ayudarles a alcanzar resolución en la forma de perdonar. Las diferencias entre enfoques de tratamiento desaparecieron cuando se hizo control para otros moderadores significantes; la ventaja para intervenciones individuales fue más claramente demostrada para el modelo Enright de intervenciones, ya que no han habido estudios sobre intervenciones individuales utilizando el modelo Worthington.

Tomado del artículo: Wade, N. G., Hoyt, W. T., Kidwell, J. E. M., & Worthington, E. L., Jr. (2013, December 23). Efficacy of Psychotherapeutic Interventions to Promote Forgiveness: A Meta-Analysis. Journal of Consulting and Clinical Psychology. Advance online publication. doi: 10.1037/a0035268

La respuesta placebo: la mamada que resulta no serlo y su utilidad para el médico

Por algunos años he escrito en este blog sobre varios productos y sus promesas de brindar efectos benéficos en materia de salud. Hemos revisado varios ejemplos de mezclas con ingredientes de supuesto origen natural como el Dalay, Ganoderma, Nikzon, Sensa, Coledia, y Bon Balm entre otros. No es sorprendente que al revisar la literatura científica sobre estudios relacionados con la efectividad de sus ingredientes activos nos encontráramos con que no hay evidencia sólida de tal efectividad. Aun así hay mucha gente que sigue promocionando estos productos, que recuenta anécdotas de su efectividad y que se molesta y dejan comentarios que van desde los que cuestionan la calidad de mis artículos hasta aquellos que solo insultan de una manera muy profana. En varias ocasiones he mencionado que cualquier efecto aparentemente benéfico de estos productos puede explicarse, entre otras cosas, por un efecto placebo. Sin embargo no me he tomado el tiempo para hablar sobre este famoso efecto placebo y de que se trata. Creo que si vamos a discutir de manera seria y útil sobre estos productos que se venden al público y se presentan manera engañosa tenemos que poseer un conocimiento básico sobre este concepto del efecto placebo.

El problema al hablar de este tema es que aun hay muchas cosas que no sabemos. En primer lugar debemos tener en cuenta que el término respuesta placebo es mucho más acertado. Pero aun así la palabra placebo es peyorativa. Esto quiere decir que se ve como algo negativo, sin utilidad o solo como un artefacto estorboso. Este concepto del término placebo surge en medicina al observar que las personas respondían de manera favorable y expresaban alivio de síntomas al recibir un supuesto remedio que no contenía ningún ingrediente activo. Desde tiempos inmemorables aquellos que practicaban la medicina sabían que si le daban algún remedio sin propiedades específicas a un paciente este solía expresar alivio y hasta mejorar en su condición. Por eso es que es más apropiado el usar el término respuesta placebo, ya que es una respuesta de nuestro cuerpo hacia algún tipo de estímulo. El término más conocido y empleado de efecto placebo se debe a su uso en estadística. En estudios clínicos de efectividad de algún fármaco se tiene que comparar con algún ingrediente inerte, sin efectos biológicos relacionados con la enfermedad o lesión. Los más utilizados son el almidón y azúcar.

Drop falling from a pipette onto sugar cube

Al estudiar la efectividad de un fármaco se tiene que comparar con un grupo control, o sea un grupo de pacientes que sufren la misma enfermedad o lesión pero que no reciben tratamiento. Obviamente los efectos benéficos del fármaco estudiado deben ser superiores a no dar ningún tratamiento. Pero si ya sabemos que la gente se siente mejor, que se alivian sus síntomas hasta cierto grado solo con saber que están siendo tratados, entonces debemos comparar también la efectividad del fármaco que estamos estudiando o desarrollando con esta respuesta natural del cuerpo mediada por procesos mentales. Por eso además del grupo control se usa otro grupo placebo al cual se le da algún facsímile del fármaco, que sea lo más parecido posible en apariencia, sabor, color, y textura al original pero que no contenga ningún ingrediente activo. Si el efecto benéfico del fármaco es superior al del placebo entonces podemos afirmar que realmente hay buenas razones para administrarlo a los pacientes, obviamente si no hay efectos negativos que nieguen su utilidad. Por eso es que le llaman efecto placebo, ya que al revisar la estadística en los grupos estudiados se encontraban con este resultado que comúnmente se veía como un artefacto o un estorbo. Desgraciadamente los científicos siempre han estado mucho más interesados en estudiar los efectos de los fármacos activos y pocos se han dedicado a estudiar la naturaleza de esta respuesta natural de los seres humanos de mejorar aun cuando se les administra algo que por simple lógica no debería funcionar.

Ha sido hasta hace poco que se le ha dado interés en estudiar el fenómeno placebo, ya sea denominado efecto o respuesta. Una de las cosas que se deben tomar en cuenta es que todo ser vivo ha evolucionado para tener algunos mecanismos de defensa y de restauración al sufrir ataques a su organismo. Cada ser vivo tiene sus propios mecanismos los cuales han sido los más útiles para sus circunstancias. Tenemos a algunos reptiles que pueden hasta regenerar miembros que han perdido. No es de extrañar que nosotros que somos entes sociales y que dependemos tanto de nuestro entorno social hayamos desarrollado algún mecanismo social que active nuestras defensas. En efecto la respuesta placebo podría muy bien ser algún tipo de mecanismo que regula nuestra percepción de dolor y que también activa nuestra defensa inmunológica y regenerativa al ser expuestos a alguna situación de tipo social, como la de tener otros miembros de nuestra comunidad cuidándonos y demostrando comportamientos de ayuda y preocupación por nuestro bienestar.

Al tener en frente de nosotros a una persona de la cual estamos convencidos que puede curarnos entonces varios mecanismos psiconeuroinmunológicos parecen activarse para mediar nuestros procesos naturales de sanación. Pero obviamente estos procesos naturales de sanación siempre estarán limitados por nuestra capacidad innata. Si nos enfrentamos a circunstancias que sobrepasan la capacidad de nuestro cuerpo por sanarse a sí mismo es muy probable que no podamos recuperar nuestra salud. Hay que tener en cuenta que por casi toda su historia la medicina ha dependido de esta respuesta natural de sanación del cuerpo y no precisamente de los ingredientes en las pociones que los antiguos médicos proporcionaban. La medicina moderna con sus bases científicas en los mecanismos de salud-enfermedad tiene relativamente muy poco tiempo. Ahora es posible ir más allá de solo la activación de una respuesta placebo y realmente curar muchas enfermedades y lesiones que antes hubieran sido fatales.

Desgraciadamente el vender un producto que no tenga evidencia sólida de ir más allá de la respuesta placebo es un práctica ubicua. Aquí nos encontramos con cuestiones éticas y legales. ¿Es apropiado el vender un producto con la intención de curar alguna enfermedad, trastorno o lesión aun sabiendo que sus efectos no van más allá del poder de sanación natural de nuestro cuerpo? Muchos diríamos que no. Y si tomamos en cuenta que algunos van más allá al afirmar que tales productos son aun más efectivos que medicamentos muy bien estudiados y con bastante evidencia científica a su favor entonces nos encontramos con actividad que podríamos llamar criminal. Hay mucha gente que ha sufrido verdaderas desgracias en su salud y la de sus seres queridos por confiar en este tipo de personas que alegan tener mejores curas que aquellas nacidas de la ciencia médica moderna. Ciertamente muchas personas han fallecido por confiar en remedios homeopáticos, naturistas, sanaciones energéticas o dietas con suplementos y negarse a sí mismos o incluso a sus hijos una atención médica apropiada. Han habido casos en algunos países en donde han llegado a las cortes con casos de negligencia ya que padres se niegan a buscar atención médica para sus hijos porque confían en que otros métodos alternativos sin evidencia los van a curar de sus enfermedades.

Por último hay que tomar en cuenta que la mayoría de los médicos desconocen la verdadera naturaleza de la respuesta placebo y que la hacen a un lado solo como un estorbo o como un método para tratar a personas que califican de neuróticas. Un médico entrenado en la metodología de la medicina occidental está acostumbrado en confiar más en los fármacos que prescribe y en las intervenciones quirúrgicas que practica que en su propia persona como un vehículo de curación. Aquel médico que esté consciente de que el mismo por su comportamiento y actitud hacia sus pacientes puede afectar de gran manera el curso de la enfermedad podrá ser más efectivo y popular con sus clientes. El demostrar un verdadero interés por la salud de sus pacientes es clave para el éxito de cualquier médico y sus tratamientos. De igual forma el proyectar conocimiento y competencia es de suma importancia, ya que esto transmite confianza al paciente. Aquel paciente que confía en que su médico es competente, que sabe lo que está haciendo y que tiene las mejores intenciones para el recibirá un gran beneficio al potencializar sus recursos innatos de sanación. Pero esto no es algo que se enseña en las escuelas y facultades de medicina. Estas habilidades interpersonales generalmente se adquieren de los formadores, maestros y guías con los que se encuentra uno en la carrera de medicina. Cualquier practicante de medicina que esté interesado en maximizar su capacidad de curación debería preocuparse por mejorar sus habilidades interpersonales, y darse cuenta que es en gran parte él o ella misma, su propia persona la que determinará el éxito de su tratamiento. Hay muchos programas de orientación disponibles en las mejores instituciones médicas para apoyar a los practicantes a mejorar su actitud ante sus pacientes y han tenido resultados muy positivos.

¿Por qué es tan fácil caer en “mamadas”? Segunda Parte

Seguimos con esta serie en la cual exploramos aquellas razones por las cuales solemos caer en “mamadas.” Como todos sabemos la vida está hecha de momentos, muchos de los cuales se caracterizan por la necesidad de tomar decisiones, las cuales pueden tener efectos importantes y duraderos. Así que nadie puede negar que tener la capacidad de tomar buenas decisiones, basándonos en una buena información y un buen análisis es muy importante. Desgraciadamente la mayoría de nosotros tomamos decisiones basándonos en información deficiente o errónea y en las emociones que pudiéramos estar experimentando en ese momento. La vez anterior hablamos de la información que recibimos de manera anecdótica, lo que nos cuentan, los dichos famosos y como solemos creer más en un dicho que en una buena investigación. Hoy hablaremos de la segunda causa por la que la gente promedio, usted y yo, muchas veces caemos en “mamadas.”

2. El deseo de respuestas rápidas y soluciones fáciles.

Hay que darnos cuenta de algo muy cierto, la vida diaria no es sencilla, porque hasta aquellos de nosotros que parecemos cuerdos tenemos que lidiar con problemas. Muchos de nosotros estamos buscando formas para bajar de peso, conseguir suficiente sueño, salir bien en los exámenes, disfrutar nuestros trabajos, y encontrar a una pareja romántica para toda la vida. Por eso no debería extrañarnos que haya una enorme cantidad de métodos o técnicas que ofrecen una manera rápida y sencilla para solucionar todos nuestros problemas y sobre todo sin tener que cambiar nuestra conducta. Puedo conseguir todas esas cosas que siempre he deseado sin tener que esforzarme mucho, sin cambiar mis maneras de ser. Por ejemplo las dietas y suplementos son inmensamente populares, las encontramos por todos lados, aun cuando la investigación demuestra que la gran mayoría de la gente que se pone en una de estas dietas recuperan el peso perdido dentro de unos cuantos años y a esto hay que sumarle la falta de evidencia de que alguno de estos suplementos que se venden para bajar de peso realmente funcionen.

Hay una gran cantidad de productos y servicios que caen dentro de esta categoría. Cursos que prometen incrementar la velocidad de lectura, aun más allá de la velocidad en la que se puede mover el ojo humano. Talleres que prometen curar todo tipo de traumas en solo unas cuantas horas o un fin de semana. Seminarios y cursos sobre como tener la relación de pareja perfecta, que terminan siendo solo un montón de clichés, consejos baratos y manipulación emocional con ejercicios para sanar la relación, pero que después de un par de semanas vuelven a los pleitos. No podemos olvidar todos esos cursos para enseñarte a ser un gran vendedor, formar tu empresa propia, o cualquier otra promesa de cómo ganarás muchos dinero al usar sus métodos. Curiosamente los únicos que ganan dinero con esos cursos son quienes los imparten. De manera similar están todos esos esquemas de pirámide, en donde te prometen hacerte rico siendo tu propio jefe vendiendo un montón de productos que nadie quiere ni necesita, como suplementos, hierbas, vitaminas, maquillaje, ropa, zapatos, etc., siempre contándote la historia de aquel que se hizo rico en ese negocio, sin decirte que fue solo uno en mil.

En fin, todos tenemos esa proclividad a buscar esa respuesta fácil y sencilla sin que ocupe mucho esfuerzo para solucionar nuestros problemas. Pero no solo nos interesamos superficialmente en ellas, necesitamos creer que realmente funcionan, buscamos convencernos a nosotros mismos y a los demás de que si funcionan. La necesidad de creer se vuelve más fuerte que la curiosidad por buscar evidencia de su eficacia. Nuestra visión del mundo se vuelve dependiente de que ese producto o método realmente funcione. Lo introyectamos y lo volvemos parte de nosotros mismos, y si resulta ser falso entonces nosotros somos falsos. Por eso es que nos rehusamos a buscar evidencia y atacamos a cualquiera que pudiera criticarlo. Si alguien critica nuestras creencias es como si nos criticara a nosotros, se ha vuelto algo personal y esto nos ciega aun más a la gran mamada que son.

No olvides checar las otras entradas en mi blog, comentar y compartir tus opiniones. Próximamente seguiremos con este tema de porque caemos en mamadas, no te lo pierdas. Si quieres encontrarme en facebook me puedes buscar aquí: facebook.com/DiurnalSolo y aquí: facebook.com/luisarnoldo.frettlohrbarra