La mamada de la “epidemia de autismo.”

Seguimos con el 3ro de los 50 términos en psicología y psiquiatría que deberían ser evitados.  Lilienfeld, Sauvigné, Lynn, Cautin, Latzman y Waldman (2015) nos presentan estos términos que todo psicólogo, estudiante y profesor de psicología debe tener en cuenta ya que son incorrectos, engañosos, mal empleados, ambiguos o con palabras de lógica confusa. Como siempre al final de esta traducción del extracto del artículo les presento la referencia con el artículo original que puede ser descargado de manera gratuita. Si piensa usted que este artículo es informativo y vale la pena haga favor de compartirlo con quienes podrían beneficiarse, ya que la educación sobre estos temas debe ser un bien común.

Twin boys who function on the opposite ends of the autism spectrum.
26 Feb 2007, Twinsburg, Ohio, USA — Twin boys who function on the opposite ends of the autism spectrum. — Image by © Jodi Cobb/National Geographic Creative/Corbis

3. Epidemia de autismo.

Se ha dedicado un gran esfuerzo por descubrir las fuentes de la “epidemia de autismo” (p. ej., King, 2011), el supuesto incremento masivo en la incidencia y prevalencia de autismo, ahora llamado trastorno de espectro autista, a través de los últimos 25 años. Los factores causales siendo implicados en esta “epidemia” que se han propuesto incluyen las vacunas, ver la televisión, alergias en la dieta, antibióticos y los virus.

Sin embargo, hay poca evidencia de que esta supuesta epidemia refleja un incremento genuino en los índices de autismo per se a diferencia de un incremento en el diagnóstico derivado de varios sesgos y artefactos, incluyendo un aumento en la conciencia social sobre los rasgos del autismo (“sesgo por detección”), incremento en los incentivos para los distritos escolares que reportan diagnósticos de autismo y una reducción de los umbrales diagnósticos para autismo a través de ediciones sucesivas del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (Gernsbacher et al., 2005; Lilienfeld and Arkowitz, 2007). En efecto, los datos indican que cuando los criterios de diagnóstico para autismo se mantenían constantes, los índices de este trastorno se mantuvieron esencialmente constantes entre 1990 y 2010 (Baxter et al., 2015). Si los índices de autismo se están incrementando, el incremento parecería ser mínimo a lo mucho, difícilmente justificando la afirmación generalizada de una “epidemia.”

A continuación les dejo la referencia al artículo que pueden descargar gratuitamente:

Lilienfeld SO, Sauvigné KC, Lynn SJ, Cautin RL, Latzman RD and Waldman ID (2015) Fifty psychological and psychiatric terms to avoid: a list of inaccurate, misleading, misused, ambiguous, and logically confused words and phrases. Front. Psychol. 6:1100. doi: 10.3389/fpsyg.2015.01100

La mamada del “medicamento antidepresivo.”

Continuamos con los extractos del artículo publicado por el equipo de investigadores, Lilienfeld, Sauvigné, Lynn, Cautin, Latzman y Waldman (2015), quienes nos presentan 50 términos psicológicos y psiquiátricos que deberían ser evitados. El artículo está dividido en diferentes clases de términos -incorrectos, engañosos, mal empleados, ambiguos y con palabras de lógica confusa- que no deberían ser empleados por profesores de psicología y sus estudiantes. A continuación les presento el segundo en la sección de “términos incorrectos o engañosos.”

2. Medicamento antidepresivo.

Medicamentos, tales como los tricíclicos, inhibidores selectivos de la recaptura de serotonina e inhibidores selectivos de la recaptura de serotonina y norepinefrina, son llamados “antidepresivos” de forma rutinaria. Sin embargo hay poca evidencia de que estos medicamentos son más eficaces para tratar (o prevenir recaídas de) trastornos del estado de ánimo que para varias otras condiciones, tales como trastornos relacionados con ansiedad (p.ej., trastorno por pánico, trastorno obsesivo-compulsivo; Donovan et al., 2010) o bulimia nervosa (Tortorella et al., 2014). Por lo tanto, su especificidad para depresión es dudosa, y su nombre deriva más de precedencia histórica -la evidencia inicial para su eficacia nace de investigación en depresión (France et al., 2007)- que desde evidencia científica. Además, algunos autores argumentan que estos medicamentos son considerablemente menos eficaces de lo que comúnmente se proclama y son solo de beneficio para la depresión severa, pero no la leve y moderada, lo que quiere decir que la etiqueta de “antidepresivo” es potencialmente engañosa (Antonuccio y Healy, 2012; pero véase Kramer, 2011, para un punto de vista alternativo).

Capsules with antidepressants in a blister pack
Capsules with antidepressants in a blister pack — Image by © Doc-Stock/Corbis

Lo que los autores nos quieren decir es que estos medicamentos han sido llamados antidepresivos solamente porque fueron empleados para tratar la depresión en un inicio, no porque fueron desarrollados conociendo el mecanismo exacto por medio del cual serían de beneficio. Se los administraban a pacientes psiquiátricos con depresión profunda y observaron que mejoraban sus síntomas. Hay muchos investigadores y autores que han presentado evidencia de que no son tan útiles para depresión leve a moderada, e incluso algunos que afirman que su efecto se podría deber a un efecto placebo activo. También hay que tomar en cuenta los riesgos de efectos secundarios que presentan en aquellos pacientes que los toman, sobre todo el incremento en intentos de suicido en poblaciones jóvenes. Antes de pensar en recomendar el uso de estos medicamentos tenemos la obligación de estar bien informados y educar a nuestros clientes/pacientes y sus familiares.

A continuación les dejo la referencia al artículo que pueden descargar gratuitamente:

Lilienfeld SO, Sauvigné KC, Lynn SJ, Cautin RL, Latzman RD and Waldman ID (2015) Fifty psychological and psychiatric terms to avoid: a list of inaccurate, misleading, misused, ambiguous, and logically confused words and phrases. Front. Psychol. 6:1100. doi: 10.3389/fpsyg.2015.01100

La mamada (mito) de la baja autoestima

A continuación les presento la sección dedicada al mito de la baja autoestima como causa principal de problemas psicológicos en el libro de Lilienfeld et al., 50 Grandes Mitos de la Psicología Popular.

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Mito #33 

La baja autoestima es una de las principales causas de problemas psicológicos

En la mañana del 20 de Abril de 1999 –quizás no por casualidad, el 110º aniversario del nacimiento de Adolfo Hitler– dos estudiantes adolescentes vestidos en gabardinas negras se pasearon de forma calmada dentro de la escuela preparatoria Columbine en Littleton, Colorado. Aunque eran esencialmente desconocidos antes de esa mañana, Eric Harris y Dylan Klebold se volverían nombres muy conocidos en los Estados Unidos para el final del día. Armados con una variedad de pistolas y bombas, alegremente persiguieron y mataron a 12 estudiantes y un maestro antes de matarse a sí mismos.

En cuanto ocurrió la tragedia de Columbine un desfile de expertos en salud mental y comentadores sociales se tomaron a las ondas radiales para especular sobre sus causas. Aunque estos comentaristas invocaron una serie de posibles influencias, una surgió como la clara favorita: baja autoestima. Las opiniones expresadas en un sitio de la web eran típicas:

La balacera en Columbine y en otras escuelas a través del país continúan el aterrador patrón de chicos disparando a chicos… Aun cuando el mantener las pistolas fuera de las manos de nuestros hijos es crítico, el enseñarles a valorarse a sí mismos y a otros es aun más importante. (www.axelroadlearning.com/teenvaluestudy.htm)

Otros han explicado la supuesta epidemia reciente de balaceras escolares a través de los Estados Unidos en términos de una marcada disminución del autoestima en los niños (decimos “supuesta” ya que la afirmación de que las balaceras en escuelas se han vuelto mucho más comunes es en sí un mito; Cornell, 2006). Los pocos profesionales en salud mental que han cuestionado esta sabiduría prevaleciente de manera pública no siempre han sido bien recibidos. Durante un talk show televisado en los 1990s, una psicóloga pacientemente trataba de explicar las múltiples causas subyacentes en la violencia adolescente. Un productor asociado, creyendo que los argumentos de la psicóloga eran innecesariamente complicados, agitó con molestia hacia ella una gran tarjeta que simplemente leía “¡AUTOESTIMA!” (Colvin, 2000).

De hecho, muchos psicólogos populares han mantenido por mucho tiempo que la baja autoestima es el principal culpable en generar muchas conductas dañinas, incluyendo violencia, depresión, ansiedad, y alcoholismo. Desde el clásico de Vincent Peale (1952) El poder del pensamiento positivo en adelante, los libros de auto-ayuda que proclaman las virtudes del autoestima se han vuelto elementos habituales en librerías. En su libro bestseller, Los seis pilares del autoestima, el guru del autoestima Nathaniel Branden insistía que uno:

no puede pensar en un solo problema psicológico –desde ansiedad hasta depresión, desde miedo a la intimidad o al éxito, desde violencia doméstica o abuso de menores– que no se pueda rastrear hacia el problema de baja autoestima. (Branden, 1994)

La National Association for Self-Esteem (Asociación Nacional para el Autoestima) de forma similar afirma que:

Se ha documentado una relación cercana entre la baja autoestima y problemas tales como violencia, alcoholismo, abuso de drogas, trastornos de la alimentación, deserción escolar, embarazos adolescentes, suicidio, y bajo desempeño escolar. (Reasoner, 2000)

La percepción de que la baja autoestima es perjudicial para la salud psicológica ha ejercido un gran impacto en las políticas públicas. En 1986, California financió un Equipo Especial en Autoestima y Responsabilidad Personal y Social por alrededor de $245,000 dólares al año. Su objetivo era examinar las consecuencias negativas de la baja autoestima y encontrar maneras para remediarla. El principal proponente detrás de este equipo especial, el parlamentario estatal de California John Vasconcellos, sostuvo que el mejorar el autoestima de los ciudadanos de California ayudaría a equilibrar el presupuesto del estado (Dawes, 1994).

El movimiento de la autoestima también se filtró dentro de las prácticas educacionales y ocupacionales prevalecientes. Muchos maestros de escuela en Estados Unidos piden a los niños que generen listados de aquello que los hace buenas personas esperando que esto mejore el valor propio de sus pupilos. Algunas ligas atléticas ofrecen trofeos a todos los estudiantes para evitar que los competidores que pierden se sientan inferiores (Sommers & Satel, 2005). Una escuela primaria en Santa Monica, California prohibió que los niños jugaran a la roña ya que “los niños no se sentían bien al respecto” (Vogel, 2002), aun más otras escuelas se refieren a los niños que no tienen buena ortografía como “deletreadores individuales” para evitar lastimar sus sentimientos (Salerno, 2009). Varias compañías de EUA también se unieron a la moda de la autoestima. La Scooter Store, Inc., en New Braunfels, Texas, contrató a un “asistente de celebraciones” quien está asignado a lanzar más de 10 kilos de confeti cada semana a los empleados en un esfuerzo por aumentar su valor propio, y el Container Store ha instituido “Mensajes de Voz Celebratorios” para proveer halagos continuos a sus trabajadores (Zaslow, 2007).

Además, el Internet está lleno de libros educacionales y productos con el propósito de aumentar la autoestima de los niños. Un libro, Juegos del autoestima (Sher, 1998), contiene 300 actividades para ayudar a los niños a sentirse bien sobre sí mismos, tales como repetir afirmaciones positivas que enfatizan su singularidad, y otro libro, 501 maneras para aumentar la autoestima de sus hijos (Ramsey, 2002), fomenta que los padres den más voz en las decisiones familiares, tales como permitirles decidir cómo ser castigados. Uno puede mandar pedir una “Baraja de Preguntas sobre Autoestima” de tarjetas que consisten en preguntas diseñadas para recordarnos de nuestros logros –como “¿Cuál es un objetivo que ha alcanzado?” y “¿Qué distinción ha recibido anteriormente y de la cual está orgulloso?” Uno hasta puede comprar un tazón para cereal estampado en letras grandes con afirmaciones positivas, como “¡Soy talentoso!” y “¡Soy guapo!”

Pero hay una mosca en la sopa. La mayoría de la investigación muestra que una baja autoestima no está asociada de manera fuerte con una pobre salud mental. En un meticuloso –¡y probablemente doloroso!– análisis de revisión, Roy Baumeister, Jennifer Campbell, Joachim Krueger, y Kathleen Vohs (2003) sondearon toda la evidencia disponible –más de 15,000 estudios– vinculando al autoestima con casi toda variable psicológica concebible. Al contrario de las afirmaciones generalizadas, encontraron que la autoestima está mínimamente relacionada al éxito interpersonal. Ni está la autoestima consistentemente relacionada con fumar, abuso de alcohol, o abuso de drogas. Además, descubrieron que aunque la autoestima está asociada de manera positiva con el desempeño escolar, no parece ser su causa (Mercer, 2010). En su lugar, un mejor desempeño escolar parece contribuir a un alto autoestima (Baumeister et al., 2003). Es  probable que algunas investigadores previos han malinterpretado la correlación entre autoestima y desempeño escolar como reflejando un efecto causal directo de la autoestima (véase Introducción, pág. 13). Además, aunque la autoestima está asociada con depresión, esta correlación solo es moderada en tamaño (Joiner, Alfano, & Metalsky, 1992). Como consecuencia, “una baja autoestima no es necesaria ni suficiente para depresión” (Baumeister et al., 2003, pág. 6).

Aún así, lectores con alta autoestima no necesitan perder esperanza. La autoestima parece aportar dos beneficios (Baumeister et al., 2003). Decimos “parece” porque estos descubrimientos son solamente correlacionales y pudieran no ser causales (véase Introducción, pág. 13). Dicho esto, la autoestima está asociada con mayor (1) iniciativa y persistencia, esto es, la disposición para intentar tareas y mantenerse con ellas cuando surgen dificultades, y (2) felicidad y resiliencia emocional.

La autoestima también está relacionada con una tendencia a verse a uno mismo de forma más positiva que los demás. Individuos con alto autoestima se consideran a sí mismos de manera consistente como más listos, más atractivos físicamente, y más agradables que otros individuos. Sin embargo estas percepciones son ilusorias, porque gente con alta autoestima no califican más alto que otras personas en medidas objetivas de inteligencia, lo atractivo, y popularidad (Baumeister et al., 2003).

Cuando se trata de violencia, la historia se vuelve más complicada. Hay algo de evidencia de que la baja autoestima está asociada con un riesgo elevado de agresión física y delincuencia (Donnellan, Trzesniewski, Robins, Moffitt, & Caspi, 2005). Sin embargo una alta autoestima no protege a la gente de la violencia. Al contrario, un subgrupo de individuos con alta autoestima –específicamente, aquellos cuya autoestima es inestable– están en mayor riesgo para agresión física (Baumeister, 2001). Estos individuos tienden a ser narcisistas y se creen merecedores de privilegios especiales, o los llamados “derechos” narcisistas. Cuando son confrontados con un desafío a su valor percibido, o lo que los psicólogos clínicos denominan “herida narcisista,” son probables en agredir a los demás.

Es interesante que, Harris y Klebold parecían ser todo menos inseguros de sí mismos. Ambos estaban fascinados con el nazismo y preocupados con fantasías de dominación global. Los diarios de Harris revelaron que se veía a sí mismo como moralmente superior a los demás y sentía menosprecio por casi todos sus pares. Harris y Klebold habían sufrido frecuentemente de bromas por sus compañeros de clase, y la mayoría de los comentaristas asumieron que este maltrato produjo baja autoestima, reforzando el riesgo de Harris y Klebold para la violencia. Estos comentaristas probablemente fueron presas de razonamiento post hoc, ergo propter hoc (después de esto, por lo tanto debido a esto) (véase Introducción, pág. 14), lo cual pudiera ser la clave del mito de la baja autoestima. Por más tentador que pudiera ser, no podemos tomar la inferencia de que debido a que la burla precede a la violencia, necesariamente la produce. En su lugar, el alto autoestima de Harris y Klebold pudiera haberlos llevado a percibir las burlas de sus compañeros de clase como amenazas a sus sentidos inflados de valor propio, motivándolos a buscar venganza.

En una serie de experimentos ingeniosos, Brad Bushman, en colaboración con Baumeister, le pidió a participantes que escribieran ensayos expresando sus actitudes hacia el aborto (véase también Mito #30). Un asistente de investigación haciéndose pasar por otro participante evaluó cada ensayo. Sin que los participantes estuvieran enterados, esta evaluación era una completa artimaña. De hecho, Bushman y Baumeister asignaron de manera aleatoria a mitad de los participantes para recibir comentarios positivos (“¡Sin sugerencias, excelente ensayo!”), y la otra mitad comentarios negativos (“¡Este es uno de los peores ensayos que he leído!”). Después los participaron tomaron parte en una “competencia” simulada permitiéndoles contraatacar a su evaluador de ensayos con un estallido de ruido fuerte y molesto. Los participantes narcisistas  respondieron a las evaluaciones negativas bombardeando a sus oponentes con ruidos significantemente más fuertes que los otros participantes. Las evaluaciones positivas no produjeron tal efecto (Bushman & Baumeister, 1998).

De manera consistente con estos hallazgos, los “bullies” y algunos niños agresivos tienden a tener percepciones generalmente positivas de cómo los demás los aprecian (Baumeister et al., 2003). Christopher Barry y sus colegas le pidieron a niños agresivos y no agresivos estimar su popularidad entre sus pares y compararon sus calificaciones con clasificaciones reales obtenidas de sus pares. Los niños agresivos son más probables que los niños no agresivos en sobreestimar su popularidad; esta tendencia estaba especialmente marcada entre niños narcisistas (Barry, Frick, & Killian, 2003; Emler, 2001).

Las implicaciones de estos hallazgos son preocupantes, especialmente si consideramos la popularidad de programas de autoestima para adolescentes en riesgo. La Asociación Nacional para la Autoestima recomienda 13 programas –muchos volando bajo el cartel de “programas de educación afectiva”– diseñados para reforzar el autoestima de muchos jóvenes llenos de problemas (http://www.self-esteem-nase.org/edu.php). Además, muchas prisiones han desarrollado programas de autoestima para reducir la reincidencia. La investigación que hemos descrito sugiere que estos programas podrían producir consecuencias negativas, especialmente entre participantes en alto riesgo de agresión. Lo único que Eric Harris y Dylan Klebold no necesitaban era un autoestima más alto.

Este es un blog 100% libre de jaladas

Asi es mis queridos lectores, en este blog no se admiten las jaladas. Por lo tanto está prohibido el recomendar o promocionar productos de tipo milagroso basados en jaladas y mamadas. Gracias por su comprensión y sigan leyendo que aún hay mucho que ver en este mundo del querer sacar beneficio económico de la ignorancia y sufrimiento ajeno por parte de charlatanes.

Rita Guerrero: Víctima de la medicina alternativa (via Actualidad Clínica en Psicología)

Aquí les dejo un artículo muy bueno sobre Rita Guerrero y la medicina alternativa publicado por el Maestro Monroy

Estos días de marzo el círculo cultural nacional está de luto. Se nos fue una de esas mujeres que sólo hay una por generación. Rita Guerrero fue para muchos algo más que sólo una cantante. Era ícono de la posmodernidad artística; del rescate de la cultura virreinal y su reinterpretación más vigente en el contexto de las artes. Ante todo esto, Actualidad Clínica en Psicología quiere hacer una denuncia. ¿Hasta cuando van a permitir las autoridades … Read More

via Actualidad Clínica en Psicología

Grafología: La mamada por escrito (segunda parte)

Inicio de segunda parte del texto de Lilienfeld et al.

Los grafólogos ofrecen una variedad de razones para su práctica; vamos a examinar aquí las cinco más comunes de ellas (Beyerstein & Beyerstein, 1992)

La escritura es una forma de movimiento expresivo, así que debe reflejar nuestras personalidades. Aunque la investigación relaciona unos cuantos aspectos globales del temperamento para ciertos gestos, los tipos de características vagamente relacionadas a movimientos corporales expresivos son mucho más generales que los rasgos estrechos que los grafólogos argumentan  que infieren de la escritura. Una tendencia general para ser irritable o dominante puede estar un poco correlacionada con el lenguaje corporal, pero las relaciones son demasiado débiles para permitirnos llegar a conclusiones sobre las personalidades de la gente.

Escribir a mano es escribir con el cerebro. Es cierto. Estudios han demostrado que la “escritura a pie” de la gente es similar a su escritura a mano (si usted es escéptico, trate firmar su nombre en un papel con un lápiz colocado entre su dedo gordo y segundo dedo del pie), sugiriendo que nuestro estilo de escritura es más una función de nuestro cerebro que de nuestras extremidades. Sin embargo, el hecho de que la escritura, o para cualquier caso, el estornudar y vomitar son controlados por el cerebro no implica que están correlacionados con cualquier otra cosa que el cerebro controla, tal como rasgos de personalidad.

La escritura es individualizada y la personalidad es única, así que una debe reflejar a la otra. El hecho de que dos atributos son idiosincráticos no es suficiente para sustentar la conclusión de que tienen una relación específica entre ellos. Los rostros son lo suficientemente diferentes para servir como identificación personal en una licencia de manejo, pero no nos dicen nada sobre la habilidad de cada uno para manejar.

La policía y las cortes de justicia usan grafología, así que debe ser válida. Esta afirmación ilustra lo que especialistas en lógica denominan la “falacia de seguir la corriente”: si una creencia es general debe ser correcta. Por supuesto que muchas convicciones mantenidas por una abrumadora mayoría de la gente en algún momento de la historia, tales como la creencia de que el mundo es plano, han resultado ser completamente erróneas. Además, mucha de la reputación positiva no merecida de la grafología viene a raíz de la confusión de los grafólogos con examinadores de documentos cuestionables (QDEs por sus siglas en inglés). Un QDE es un investigador capacitado el cual supuestamente establece para historiadores, coleccionistas o las cortes de justicia los orígenes y autenticidad de documentos escritos a mano. Los QDEs solo pasan juicio en la probabilidad de que un individuo dado escribió el documento en cuestión, no en la personalidad de ese individuo.

Los gerentes de personal juran por la utilidad de los grafólogos en selección de empleados. Algunos sí, pero la mayoría no. Además, hay varias razones por las que los gerentes pudiesen ser convencidos falsamente de la utilidad de la grafología. Primero, los grafólogos muchas veces prestan atención a varias claves no-grafológicas que pudieran apuntar hacia el mejor candidato, aun cuando no sea su intención. Por ejemplo, los contenidos de cartas de aplicación escritas a mano están repletos de información biográfica, alguna de la cual (como historia laboral previa o un registro criminal) puede predecir desempeño en el trabajo. Segundo, por razones de gastos, los patrones rara vez someten a todos los candidatos con los grafólogos.  Los grafólogos usualmente ven la escritura de una lista corta de candidatos, aquellos seleccionados usando criterios válidos. La mayoría de la gente en este grupo ya están cualificados para el trabajo, y rara vez hay una oportunidad para determinar si es que los candidatos rechazados no hubieran hecho un trabajo igual o mejor.

Pruebas científicas sobre la habilidad de los grafólogos para reconocer aptitudes laboralmente relevantes son virtualmente unánimes. Pruebas con buenos controles piden a todos los participantes escribir las mismas frases y piden a los grafólogos ofrecer juicios sobre personalidad o predicciones conductuales basándose en esta escritura. Al pedir a todos los participantes que transcriban las mismas frases, los investigadores eliminan diferencias en el contenido que pudieran dar claves indirectas de personalidad. En una revisión exhaustiva Richard Klimoski (1992) encontró que los grafólogos no tuvieron mejores resultados que el azar para predecir desempeño laboral. Geoffrey Dean (1992) condujo, por mucho, la más completa revisión de pruebas científicas de grafología. Después de llevar a cabo un meta-análisis de más de 200 estudios, Dean encontró un fracaso claro por parte de los grafólogos para detectar rasgos de personalidad o predecir desempeño laboral.

Fin del texto original. Lilienfeld et al., 50 grandes mitos de la psicología popular. 2010 Wiley-Blackwell, pág. 175-179.

Liga para el texto original de Lilienfeld en español. Página web del autor.