La respuesta placebo: la mamada que resulta no serlo y su utilidad para el médico

Por algunos años he escrito en este blog sobre varios productos y sus promesas de brindar efectos benéficos en materia de salud. Hemos revisado varios ejemplos de mezclas con ingredientes de supuesto origen natural como el Dalay, Ganoderma, Nikzon, Sensa, Coledia, y Bon Balm entre otros. No es sorprendente que al revisar la literatura científica sobre estudios relacionados con la efectividad de sus ingredientes activos nos encontráramos con que no hay evidencia sólida de tal efectividad. Aun así hay mucha gente que sigue promocionando estos productos, que recuenta anécdotas de su efectividad y que se molesta y dejan comentarios que van desde los que cuestionan la calidad de mis artículos hasta aquellos que solo insultan de una manera muy profana. En varias ocasiones he mencionado que cualquier efecto aparentemente benéfico de estos productos puede explicarse, entre otras cosas, por un efecto placebo. Sin embargo no me he tomado el tiempo para hablar sobre este famoso efecto placebo y de que se trata. Creo que si vamos a discutir de manera seria y útil sobre estos productos que se venden al público y se presentan manera engañosa tenemos que poseer un conocimiento básico sobre este concepto del efecto placebo.

El problema al hablar de este tema es que aun hay muchas cosas que no sabemos. En primer lugar debemos tener en cuenta que el término respuesta placebo es mucho más acertado. Pero aun así la palabra placebo es peyorativa. Esto quiere decir que se ve como algo negativo, sin utilidad o solo como un artefacto estorboso. Este concepto del término placebo surge en medicina al observar que las personas respondían de manera favorable y expresaban alivio de síntomas al recibir un supuesto remedio que no contenía ningún ingrediente activo. Desde tiempos inmemorables aquellos que practicaban la medicina sabían que si le daban algún remedio sin propiedades específicas a un paciente este solía expresar alivio y hasta mejorar en su condición. Por eso es que es más apropiado el usar el término respuesta placebo, ya que es una respuesta de nuestro cuerpo hacia algún tipo de estímulo. El término más conocido y empleado de efecto placebo se debe a su uso en estadística. En estudios clínicos de efectividad de algún fármaco se tiene que comparar con algún ingrediente inerte, sin efectos biológicos relacionados con la enfermedad o lesión. Los más utilizados son el almidón y azúcar.

Drop falling from a pipette onto sugar cube

Al estudiar la efectividad de un fármaco se tiene que comparar con un grupo control, o sea un grupo de pacientes que sufren la misma enfermedad o lesión pero que no reciben tratamiento. Obviamente los efectos benéficos del fármaco estudiado deben ser superiores a no dar ningún tratamiento. Pero si ya sabemos que la gente se siente mejor, que se alivian sus síntomas hasta cierto grado solo con saber que están siendo tratados, entonces debemos comparar también la efectividad del fármaco que estamos estudiando o desarrollando con esta respuesta natural del cuerpo mediada por procesos mentales. Por eso además del grupo control se usa otro grupo placebo al cual se le da algún facsímile del fármaco, que sea lo más parecido posible en apariencia, sabor, color, y textura al original pero que no contenga ningún ingrediente activo. Si el efecto benéfico del fármaco es superior al del placebo entonces podemos afirmar que realmente hay buenas razones para administrarlo a los pacientes, obviamente si no hay efectos negativos que nieguen su utilidad. Por eso es que le llaman efecto placebo, ya que al revisar la estadística en los grupos estudiados se encontraban con este resultado que comúnmente se veía como un artefacto o un estorbo. Desgraciadamente los científicos siempre han estado mucho más interesados en estudiar los efectos de los fármacos activos y pocos se han dedicado a estudiar la naturaleza de esta respuesta natural de los seres humanos de mejorar aun cuando se les administra algo que por simple lógica no debería funcionar.

Ha sido hasta hace poco que se le ha dado interés en estudiar el fenómeno placebo, ya sea denominado efecto o respuesta. Una de las cosas que se deben tomar en cuenta es que todo ser vivo ha evolucionado para tener algunos mecanismos de defensa y de restauración al sufrir ataques a su organismo. Cada ser vivo tiene sus propios mecanismos los cuales han sido los más útiles para sus circunstancias. Tenemos a algunos reptiles que pueden hasta regenerar miembros que han perdido. No es de extrañar que nosotros que somos entes sociales y que dependemos tanto de nuestro entorno social hayamos desarrollado algún mecanismo social que active nuestras defensas. En efecto la respuesta placebo podría muy bien ser algún tipo de mecanismo que regula nuestra percepción de dolor y que también activa nuestra defensa inmunológica y regenerativa al ser expuestos a alguna situación de tipo social, como la de tener otros miembros de nuestra comunidad cuidándonos y demostrando comportamientos de ayuda y preocupación por nuestro bienestar.

Al tener en frente de nosotros a una persona de la cual estamos convencidos que puede curarnos entonces varios mecanismos psiconeuroinmunológicos parecen activarse para mediar nuestros procesos naturales de sanación. Pero obviamente estos procesos naturales de sanación siempre estarán limitados por nuestra capacidad innata. Si nos enfrentamos a circunstancias que sobrepasan la capacidad de nuestro cuerpo por sanarse a sí mismo es muy probable que no podamos recuperar nuestra salud. Hay que tener en cuenta que por casi toda su historia la medicina ha dependido de esta respuesta natural de sanación del cuerpo y no precisamente de los ingredientes en las pociones que los antiguos médicos proporcionaban. La medicina moderna con sus bases científicas en los mecanismos de salud-enfermedad tiene relativamente muy poco tiempo. Ahora es posible ir más allá de solo la activación de una respuesta placebo y realmente curar muchas enfermedades y lesiones que antes hubieran sido fatales.

Desgraciadamente el vender un producto que no tenga evidencia sólida de ir más allá de la respuesta placebo es un práctica ubicua. Aquí nos encontramos con cuestiones éticas y legales. ¿Es apropiado el vender un producto con la intención de curar alguna enfermedad, trastorno o lesión aun sabiendo que sus efectos no van más allá del poder de sanación natural de nuestro cuerpo? Muchos diríamos que no. Y si tomamos en cuenta que algunos van más allá al afirmar que tales productos son aun más efectivos que medicamentos muy bien estudiados y con bastante evidencia científica a su favor entonces nos encontramos con actividad que podríamos llamar criminal. Hay mucha gente que ha sufrido verdaderas desgracias en su salud y la de sus seres queridos por confiar en este tipo de personas que alegan tener mejores curas que aquellas nacidas de la ciencia médica moderna. Ciertamente muchas personas han fallecido por confiar en remedios homeopáticos, naturistas, sanaciones energéticas o dietas con suplementos y negarse a sí mismos o incluso a sus hijos una atención médica apropiada. Han habido casos en algunos países en donde han llegado a las cortes con casos de negligencia ya que padres se niegan a buscar atención médica para sus hijos porque confían en que otros métodos alternativos sin evidencia los van a curar de sus enfermedades.

Por último hay que tomar en cuenta que la mayoría de los médicos desconocen la verdadera naturaleza de la respuesta placebo y que la hacen a un lado solo como un estorbo o como un método para tratar a personas que califican de neuróticas. Un médico entrenado en la metodología de la medicina occidental está acostumbrado en confiar más en los fármacos que prescribe y en las intervenciones quirúrgicas que practica que en su propia persona como un vehículo de curación. Aquel médico que esté consciente de que el mismo por su comportamiento y actitud hacia sus pacientes puede afectar de gran manera el curso de la enfermedad podrá ser más efectivo y popular con sus clientes. El demostrar un verdadero interés por la salud de sus pacientes es clave para el éxito de cualquier médico y sus tratamientos. De igual forma el proyectar conocimiento y competencia es de suma importancia, ya que esto transmite confianza al paciente. Aquel paciente que confía en que su médico es competente, que sabe lo que está haciendo y que tiene las mejores intenciones para el recibirá un gran beneficio al potencializar sus recursos innatos de sanación. Pero esto no es algo que se enseña en las escuelas y facultades de medicina. Estas habilidades interpersonales generalmente se adquieren de los formadores, maestros y guías con los que se encuentra uno en la carrera de medicina. Cualquier practicante de medicina que esté interesado en maximizar su capacidad de curación debería preocuparse por mejorar sus habilidades interpersonales, y darse cuenta que es en gran parte él o ella misma, su propia persona la que determinará el éxito de su tratamiento. Hay muchos programas de orientación disponibles en las mejores instituciones médicas para apoyar a los practicantes a mejorar su actitud ante sus pacientes y han tenido resultados muy positivos.

¿Por qué es tan fácil caer en “mamadas”? Segunda Parte

Seguimos con esta serie en la cual exploramos aquellas razones por las cuales solemos caer en “mamadas.” Como todos sabemos la vida está hecha de momentos, muchos de los cuales se caracterizan por la necesidad de tomar decisiones, las cuales pueden tener efectos importantes y duraderos. Así que nadie puede negar que tener la capacidad de tomar buenas decisiones, basándonos en una buena información y un buen análisis es muy importante. Desgraciadamente la mayoría de nosotros tomamos decisiones basándonos en información deficiente o errónea y en las emociones que pudiéramos estar experimentando en ese momento. La vez anterior hablamos de la información que recibimos de manera anecdótica, lo que nos cuentan, los dichos famosos y como solemos creer más en un dicho que en una buena investigación. Hoy hablaremos de la segunda causa por la que la gente promedio, usted y yo, muchas veces caemos en “mamadas.”

2. El deseo de respuestas rápidas y soluciones fáciles.

Hay que darnos cuenta de algo muy cierto, la vida diaria no es sencilla, porque hasta aquellos de nosotros que parecemos cuerdos tenemos que lidiar con problemas. Muchos de nosotros estamos buscando formas para bajar de peso, conseguir suficiente sueño, salir bien en los exámenes, disfrutar nuestros trabajos, y encontrar a una pareja romántica para toda la vida. Por eso no debería extrañarnos que haya una enorme cantidad de métodos o técnicas que ofrecen una manera rápida y sencilla para solucionar todos nuestros problemas y sobre todo sin tener que cambiar nuestra conducta. Puedo conseguir todas esas cosas que siempre he deseado sin tener que esforzarme mucho, sin cambiar mis maneras de ser. Por ejemplo las dietas y suplementos son inmensamente populares, las encontramos por todos lados, aun cuando la investigación demuestra que la gran mayoría de la gente que se pone en una de estas dietas recuperan el peso perdido dentro de unos cuantos años y a esto hay que sumarle la falta de evidencia de que alguno de estos suplementos que se venden para bajar de peso realmente funcionen.

Hay una gran cantidad de productos y servicios que caen dentro de esta categoría. Cursos que prometen incrementar la velocidad de lectura, aun más allá de la velocidad en la que se puede mover el ojo humano. Talleres que prometen curar todo tipo de traumas en solo unas cuantas horas o un fin de semana. Seminarios y cursos sobre como tener la relación de pareja perfecta, que terminan siendo solo un montón de clichés, consejos baratos y manipulación emocional con ejercicios para sanar la relación, pero que después de un par de semanas vuelven a los pleitos. No podemos olvidar todos esos cursos para enseñarte a ser un gran vendedor, formar tu empresa propia, o cualquier otra promesa de cómo ganarás muchos dinero al usar sus métodos. Curiosamente los únicos que ganan dinero con esos cursos son quienes los imparten. De manera similar están todos esos esquemas de pirámide, en donde te prometen hacerte rico siendo tu propio jefe vendiendo un montón de productos que nadie quiere ni necesita, como suplementos, hierbas, vitaminas, maquillaje, ropa, zapatos, etc., siempre contándote la historia de aquel que se hizo rico en ese negocio, sin decirte que fue solo uno en mil.

En fin, todos tenemos esa proclividad a buscar esa respuesta fácil y sencilla sin que ocupe mucho esfuerzo para solucionar nuestros problemas. Pero no solo nos interesamos superficialmente en ellas, necesitamos creer que realmente funcionan, buscamos convencernos a nosotros mismos y a los demás de que si funcionan. La necesidad de creer se vuelve más fuerte que la curiosidad por buscar evidencia de su eficacia. Nuestra visión del mundo se vuelve dependiente de que ese producto o método realmente funcione. Lo introyectamos y lo volvemos parte de nosotros mismos, y si resulta ser falso entonces nosotros somos falsos. Por eso es que nos rehusamos a buscar evidencia y atacamos a cualquiera que pudiera criticarlo. Si alguien critica nuestras creencias es como si nos criticara a nosotros, se ha vuelto algo personal y esto nos ciega aun más a la gran mamada que son.

No olvides checar las otras entradas en mi blog, comentar y compartir tus opiniones. Próximamente seguiremos con este tema de porque caemos en mamadas, no te lo pierdas. Si quieres encontrarme en facebook me puedes buscar aquí: facebook.com/DiurnalSolo y aquí: facebook.com/luisarnoldo.frettlohrbarra

La Mamada de la Leyenda de Freud: Final

Terminamos con la introducción al libro En contra de Freud: Los críticos responden, de Todd Dufresne. Un breve revisionismo de la historia supuestamente legendaria de Freud y su obra. Pueden encontrar la segunda parte aquí. En la siguiente entrada a este blog discutiré algunas conclusiones personales sobre este texto y el estado del psicoanálisis en general.

<Tercera Parte>

Jung hizo su parte para avanzar al psicoanálisis como una teoría y movimiento. Por ejemplo, fue Jung quien introdujo los experimentos de Zurich en asociación de palabras a Freud, lo cual se volvió una idea central de la práctica psicoanalítica. Muy pronto Freud empezó a requerir que los pacientes hicieran “libre asociación,” esto es, que hablaran libremente sobre cualquier idea que les llegara a la cabeza, muchas veces en relación a un sueño o fantasía. Jung también defendió un mayor rigor institucional entre aquellos que se hacían llamar Freudianos, argumentando que todos los futuros analistas debían ser analizados, una idea que muy pronto se volvió pieza clave del psicoanálisis institucional.

Sin embargo, como en sus relaciones anteriores con Fliess y Breuer, Freud demandaba una estricta fidelidad a sus ideas y era intolerante cuando cualquiera empezaba a dudar en los puntos clave de la doctrina o usaba al psicoanálisis en su contra. Y así Freud, aunque alguna vez desesperado por ver a Jung como su sucesor, rompió con él en 1912. Tótem y tabú (1913) de Freud, un trabajo fantástico sobre el origen prehistórico de la culpa y conciencia en un supuesto acto de parricidio, sería el primero en una serie de golpes y contra golpes entre los dos hombres.

No obstante el psicoanálisis prosperó. Para esta época aquellos en el campo estaban desarrollando sus propias revistas, casa editorial, e instituciones de entrenamiento, y gozaban de una creciente presencia internacional. Freudianos bien colocados incluían a Ernest Jones en Londres, Karl Abraham en Berlín, Sandor Ferenczi en Budapest, y Otto Rank en Viena. Cuando llegó la primera guerra mundial, el psicoanálisis se esparció rápidamente como un posible método para tratar traumas y neurosis de guerra intratables. A su vez, seguidores médicamente entrenados empezaron a rodear cada vez más a Freud y a un grupo central de discípulos, el auto-ungido “comité secreto,” quienes juntos establecieron al psicoanálisis a través del mundo occidental.

En medio de esta alza, Freud, volviéndose a comprometer a sí mismo hacia el dualismo que siempre favoreció, anunció en Más allá del principio del placer (1920) que la teoría de la fantasía sexual necesitaba una contraparte, una teoría de la pulsión de muerte. Pero pocos de los adherentes a Freud compartieron su envergadura de aprendizaje o curiosidad intelectual, y pocos de ellos aceptaron esta nueva visión. Aun menos entendieron porque él complicaría una perfectamente buena, y para entonces bien aceptada, teoría de sexualidad. Para explicar Más allá, algunos apuntaron al bien conocido pesimismo y misantropía de Freud; la muerte de una hija favorita; los eventos de la primera guerra mundial, en la cual dos hijos sirvieron; conflictos emocionales no resueltos; y hasta aburrimiento durante el periodo entre guerras.

Hasta hoy en día se le presta insuficiente atención a la conexión entre la nueva “metapsicología” de 1915-1920 de Freud -de la cual la pulsión de muerte es el máximo logro- y las viejas ideas pre-psicoanalíticas de los 1880s y 1890s. Pero una vez que se hace la conexión uno no puede ignorar los aspectos completamente equivocados y obstinados de la visión científica de Freud, incluyendo el complejo biologismo que avala a la empresa. Por ejemplo, en la estela del redescubrimiento de la genética Mendeliana en 1900, pocos científicos serios podrían aun creer en la herencia de características adquiridas. Sin embargo Freud lo hizo, imaginando que esta falta de creencia era un problema para otros. Como claramente admite en Moisés y monoteísmo (1939), muy para la vergüenza de sus seguidores, “No puedo prescindir de este factor [i.e., herencia Lamarkiana] en la evolución biológica.”

El biologismo retrógrado de Freud es aun más irónico en que sus últimos trabajos “culturales,” todos ellos posibles por su teoría biológicamente determinada de la pulsión de muerte, ahora se consideran entre sus más famosos y clásicos. Esto incluye El futuro de una ilusión de 1927, en donde reduce a la religión a un apego infantil a Papi, y El malestar en la cultura de 1930, en donde analiza los malestares persistentes de la existencia civilizada. De manera similar, los clínicos en especial no han apreciado bien que el giro tardío de Freud hacia una psicología del yo en El yo y el ello (1923) -y con ello el cambio del modelo consciente/inconsciente del funcionamiento mental hacia el famoso superyó/yo/ello- fue condicionado por este viejo biologismo. Desafortunadamente, las declaraciones biológicas explícitas de Freud en estos últimos trabajos han sido minimizados o simplemente ignorados a favor de sus más aceptables, si no más trilladas, conclusiones sobre el individuo reprimido y lleno de culpa de la sociedad moderna. De acuerdo a la visión censurada de los últimos trabajos de Freud, la sociedad muchas veces requiere demasiada represión y satisfacción diferida de los individuos. Para compensar, los pocos afortunados subliman su malestar con la civilización hacia el arte y ciencia, mientras que la turba es consignada a una sumisión infantil hacia Dios, neurosis, o ambas. La visión de Freud es de hecho más oscura y más compleja. El contra toda lógica afirmó que los seres humanos son impulsados hacia la muerte por la biología, una adquirida y heredada a través de milenios. Consecuentemente, la conformación del logro humano -arte, ciencia, religión- es una aberración, por más gloriosa que sea, a través de un camino hacia la no-existencia. El resultado: el psicoanálisis puede hacer muy poco sobre nuestras neurosis históricamente inevitables y biológicamente adquiridas. Como él dijo en 1927, el progreso humano no se mide en horas, meses, o hasta años, pero en tiempo geológico. El psicoanálisis es por lo tanto unendlich, o “interminable,” como Freud admitió en 1937, poniéndole así el inconfundible sello terapéutico pesimista a todo el esfuerzo.

Después de su muerte en 1939 la influencia de Freud siguió extendiéndose a través de la sociedad occidental, desde la medicina, psiquiatría, y psicoterapia hasta la literatura, critica, filosofía, y, de manera más general, postmodernismo. Un psicoanálisis médico prosperó en los Estados Unidos, al menos hasta finales de los 1960s, mientras que en los 1970s un psicoanálisis basado en humanidades floreció y, energizado por tales teóricos franceses como Jacques Lacan y Jacques Derrida, se esparció a través del mundo occidental. Pero hoy en día, después del advenimiento de las terapias farmacológicas y el declive de la teoría postmodernista, el psicoanálisis parece haber llegado a su fin. Naturalmente Freud se mantiene como uno de los indiscutidos gigantes del pensamiento del siglo XX. Pero su legado ha sido radicalmente minado mientras los críticos siguen debatiendo el fundamento científico de su trabajo, incluyendo las teorías de represión y del inconsciente; su método clínico, o falta de; la eficacia de su práctica y del habla terapéutica en general; la ética de su vida y trabajo; y la política interna del movimiento psicoanalítico. De hecho, haciendo a un lado a aguantadores motivados con reputaciones que perder, ahora se cree de manera amplia que el psicoanálisis como una teoría viable y como práctica esta muerto o agonizando.

<Fin>

Tomado de:

Todd Dufresne (2007). Against Freud, Critics Talk Back. Introduction: The Revised Life and Work of Sigmund Freud. Págs. 3-5. Stanford University Press. EEUU.

Traducción por: Luis Frettlöhr Barra

 

La Mamada de la Leyenda de Freud: Segunda Parte

Seguimos con la introducción al libro En contra de Freud: Los críticos responden, de Todd Dufresne. Un breve revisionismo de la historia supuestamente legendaria de Freud y su obra. Pueden encontrar la primera parte aquí.

<Segunda Parte>

Aunque problemáticas, las explicaciones retrospectivas de Freud acerca del abandono de la teoría de seducción y el nacimiento del psicoanálisis son claras. Lo que Freud ya había llamado psicoanálisis en 1896 fue después de 1897 reconcebido como el análisis del rapport emocional, o transferencia, entre el paciente y médico. Además, este rapport ahora se entendería como estando infundido con fantasía sexual, en sí mismo una repetición del disturbio interno basado en conflictos sexuales inconscientes no resueltos y reprimidos. Freud afirmó haber dejado la hipnosis por completo en su práctica, así supuestamente evadiendo el problema de la sugestión y haber descubierto la ubicuidad de la sexualidad infantil y la doctrina de la perversidad polimórfica. Su afirmación revisada: la histeria y las neurosis son psicológicamente condicionadas y no son causadas por abuso sexual. Y así, aunque Freud había estado fundamentalmente en lo correcto al escarbar profundo por algún significado reprimido e inconsciente en el centro de la enfermedad mental, se equivocó al haber aceptado los reportes de sus primeros pacientes. Había confundido las fantasías de abuso por verdadero abuso.

Nunca más volvería Freud a arriesgar el futuro de su ciencia, y de su reputación, en la realidad objetiva (y por lo tanto verificable) de eventos pasados. En el mejor de los casos, el psicoanálisis tomó refugio en la fantasía del individuo neurótico, si no es que en el auto-análisis de los propios sueños y neurosis de Freud, los cuales no eran solamente objetivamente conocibles pero eran en principio universalmente ciertos para toda la gente y culturas. En el peor de los casos, el psicoanálisis dictó las conclusiones que supuestamente buscaba, descaradamente manipulando estudios de caso para reflejar las exigencias teóricas y políticas siempre cambiantes del día. Tal fue el caso de Anna O. Ahora sabemos que esta paciente, Bertha Pappenheim, no solo fracasó en recuperarse de la histeria, como se afirmó, pero que también se volvió adicta a la morfina al final de su tratamiento con Breuer e institucionalizada en un sanatorio Suizo. El sorprendente diagnóstico de su nuevo doctor: histeria. Un año después Breuer confesó que deseaba que Pappenheim muriera para que fuera liberada de su sufrimiento. Y sin embargo, exhortado por Freud, presentaron este total fracaso de la cura hablada como el fundamento de los Estudios en Histeria.

La metodología psicoanalítica no es menos un lodazal que una teoría. Freud falló en decir que era exactamente el psicoanálisis hasta años después de su nacimiento, publicando sus “Trabajos sobre Técnica” entre 1911 y 1915. Hasta Tres ensayos sobre teoría sexual de 1905, se dejó suponer a los lectores que por psicoanálisis Freud todavía quería decir la recuperación de memorias reales sobre abuso sexual infantil. En otras palabras, aunque Freud abandonó la etiología de seducción en una carta privada a Fliess en 1897, los lectores no sabrían de esto por otros ocho años. Sin embargo Freud se mantuvo ocupado, publicando trabajos de “psicoanálisis” –de manera más notable su largo auto-análisis, conducido en la estela de la muerte de su padre en 1896, La interpretación de los sueños (1900).

Más adelante Freud afirmaría que su trabajo temprano había sido rutinariamente ignorado o malinterpretado, y que no se dejaría intimidar por diagnosticar la causa de esta aparente resistencia por parte de la sociedad y sus críticos. Estos fueron los tiempos de su auto-mitologizado “espléndido aislamiento.” Pero la actitud de Freud era solamente una pose romántica, una ficción retrospectiva detrás de la cual hiló su propia leyenda, ya que difícilmente fue ignorado en su propia época. Sobre la fuerza de sus publicaciones y las afirmaciones de eficacia tomadas de ahí, en 1902 Freud fue capaz de reunir a su alrededor a un grupo de seguidores leales para sus “Reuniones de miércoles por la tarde,” precursor de la Sociedad Psicoanalítica de Viena de 1906-1915. Este diverso grupo se reunía semanalmente para discutir el trabajo de Freud y aprender sobre el psicoanálisis desde el mismísimo maestro. En efecto, estas reuniones eran la actividad primaria requerida de la gente que querían volverse analistas en los primeros días.

En 1907 la fortuna le brilló aun más a Freud cuando el psiquiatra suizo Carl Jung se volvió un seguidor. El involucramiento de Jung no solo traería al psicoanálisis en contacto con un instituto de investigación respetado y disciplina pero sacaría al análisis del ambiente judío en el que Freud y sus adherentes, ellos mismos en gran parte judíos, vivían y practicaban. En otras palabras, la sola presencia de Jung le prestaría peso a la afirmación de que el psicoanálisis era una ciencia.

<Fin de Segunda parte>

No se pierdan la siguiente parte próximamente en este blog. Gracias por su atención.

Tomado de:

Todd Dufresne (2007). Against Freud, Critics Talk Back. Introduction: The Revised Life and Work of Sigmund Freud. Págs. 3-5. Stanford University Press. EEUU.

Traducción por: Luis Frettlöhr Barra

 

La Mamada de la Leyenda de Freud: Primera Parte

Hace tiempo leí el libro de Todd Dufresne titulado En contra de Freud: Los críticos responden, y me pareció muy interesante. La forma en que muchos psicoanalistas ven a Sigmund Freud siempre me ha parecido muy similar a la de un culto. Ciertamente con el revisionismo sobre la biografía de Freud, que tuvo lugar en la segunda parte del siglo XX, se pudo observar cómo todo el movimiento psicoanalítico no fue más que la formación de un mito o leyenda alrededor de la figura de su creador. Gracias a cartas y textos que habían sido guardados bajo llave por los seguidores de Freud y a las entrevistas con sobrevivientes que tuvieron contacto con los pacientes ahora tenemos una visión más amplia sobre la figura de Freud y los orígenes del psicoanálisis. Me mantengo en la posición de que una gran parte, sino es que casi todo, lo que tiene que ver con el psicoanálisis es una “mamada.” Así que les presento la introducción de este libro muy recomendando para aquellos que les interesa entrar en el mundo del psicoanálisis. Siempre al hablar de teorías de cualquier tipo es bueno ver el punto de vista de los críticos ya que, si solo se sigue a los proponentes, es imposible tener una visión completa de los asuntos.

<Primera Parte>

Introducción:

La Vida y Trabajo Revisado de Sigmund Freud

 Sigmund Freud nació un 6 de Mayo de 1856 en Moravia, hoy República Checa, y cuatro años después se trasladó con su familia a Viena, Austria. Ahí se mantuvo por la mayor parte de su vida, volviéndose famoso mundialmente por crear el psicoanálisis y de manera más general por establecer a la psicoterapia en el mundo occidental. Freud y su familia inmediata no huyeron de la Austria controlada por los Nazis hasta 1938, solo un año antes de su muerte. Después de una larga lucha con el cáncer de la quijada, Freud murió en el norte de Londres, Inglaterra, un 23 de Septiembre de 1939.

El joven Freud, un políglota, fue un estudiante con talento quien se destacó en sus estudios. Al principio se imaginó para sí mismo una carrera en política o leyes, y después en ciencia, particularmente en el campo de la neurología. En la Universidad de Viena, Freud alargó sus estudios de cinco a ocho años, tomando cursos de interés personal en filosofía y conduciendo investigaciones de laboratorio extensas. Por ejemplo, bajo la dirección de Carl Claus y su Instituto de Anatomía Comparativa, en 1875 Freud disecó y examinó bajo microscopio los testículos de cuatrocientas anguilas. Y en 1876 Freud inició un destajo de seis años como investigador bajo Ernst Brücke en el Instituto de Fisiología. Ahí trabajó en las médulas espinales de la lamprea de arroyo, las células nerviosas del cangrejo de río, y el sistema nervioso del cangrejo de agua dulce. En unas vacaciones en 1878 el muy entusiasta joven también condujo investigaciones en las glándulas salivales de perros en el laboratorio experimental de patología de Salomon Strickler. Finalmente, en 1881, Freud tomó sus exámenes para el grado de doctor en medicina, y después de esto dedicó otros tres años de residencia en el Hospital General de Viena.

Freud continuó conduciendo investigación en el hospital. En 1883 trabajó con Theodor Meynert en el departamento de psiquiatría del hospital y tomó neuroanatomía, eventualmente publicando artículos en este campo. Después, en 1884, Freud inició sus infames estudios sobre la cocaína, una droga que el mismo usaba, promocionaba a sus amigos y colegas profesionales, y publicaba efusivos reportes al respecto.

Un año después Freud se volvió profesor en neuropatología en la Universidad de Viena, y en esta capacidad ganó una beca para estudiar en el Salpêtrière en Paris con el famoso neurólogo, Jean-Martin Charcot. Ahí estudió la histeria y la hipnosis con el hombre a quien siempre consideró su maestro. Sin embargo el avance como investigador universitario estaba en gran parte prohibido hasta para los judíos seculares quienes, como Freud, se negaron a convertirse al cristianismo. Así que en 1886, recién casado con Martha Bernays, Freud el neurólogo se embarcó de mala gana en una carrera tratando enfermedades “nerviosas.” Pero nunca abandonó su sueño de convertirse en un científico reconocido y desde el principio vio a la práctica clínica como investigación de laboratorio con otro nombre.

Durante el periodo llamado pre-psicoanalítico de investigación, aproximadamente  1887-1897, Freud buscó tender un puente entre los campos de la neurofisiología y la psicología. Muchas veces intercambiando nuevas especulaciones con su buen amigo Wilhelm Fliess, el especialista en oído, nariz y garganta de Berlín, Freud escribió El Proyecto para una Psicología Científica en 1895. Invocando a la ciencia y filosofía especulativa sobre la naturaleza del siglo XIX, Freud postuló ideas que tendrían influencia sobre él, al principio de manera encubierta y después explícita, durante toda su vida. Que Freud nunca completó o publicó el Proyecto no quiere decir que lo olvidó. Al contrario, muchas ideas que se introdujeron inicialmente aquí regresaron en sus textos posteriores. Por ejemplo, el Freud temprano y posterior argumentaba que las conductas repetitivas alguna vez asociadas con traumas en ferrocarriles y guerras podían ser explicados al invocar la teoría de recapitulación y la herencia de características adquiridas; que la existencia es en sí determinada, si no socavada, por la teoría de la constancia (entropía), la idea de que todos los sistemas vivientes buscan el reposo como su estado natural; que el trauma emocional puede ser explicado en términos cuantitativos o económicos como el desborde del afecto hacia el interior de una psique débil; y, de forma más general, que la vida es gobernada por principios de realidad y placer.

De su periodo pre-psicoanalítico, se le conoce mejor a Freud por su contribución a Estudios sobre Histeria (1895). Freud había cabildeado a un renuente Josef Breuer, un mentor y bien visto médico vienés, para colaborar en este libro, el cual es recordado por las afirmaciones teóricas de que un afecto estrangulado causa la histeria; que el hablar es eficaz; y, de manera más increíble, que a través de tal habla uno puede descubrir capas de memorias reprimidas que llevan atrás hacia algún evento traumático sexualmente cargado o “seducción.” Freud esencialmente llegó a creer que estas memorias estaban enterradas debajo de mecanismos de defensa de la psique y que la patología, como la excitante y relativamente nueva ciencia de la arqueología, necesitaba nuevos métodos y teorías con las cuales revelarlas.

Los críticos sofisticados de Freud y Breuer de aquel tiempo no fueron convencidos. Por encima de todo, advertían que las memorias repetidas, recobradas, o por abreacción centrales para la “cura hablada” eran casi indiscutiblemente artefactos del método; los críticos apuntaban hacia Charcot, cuya reputación por inducir la obediencia en sus pacientes fue resuelta para el momento de su muerte en 1893, y a la historia de la hipnosis médica para exponer su caso. Freud, característicamente, rechazó sus advertencias, aun cuando de manera privada empezó a darse cuenta que las “memorias” de los pacientes que había reportado eran realmente falsas. Freud se enfrentaba a una crisis –sus hallazgos publicados eran realmente incorrectos y su reputación, ya comprometida por su abogacía hacia la cocaína, podía ahora arruinarse. Su respuesta hacia esta crisis fue nada más y nada menos que la creación del psicoanálisis propiamente dicho.

<Fin de Primera Parte>

No se pierdan la segunda parte próximamente en este blog. Gracias por su atención.

Tomado de:

Todd Dufresne (2007). Against Freud, Critics Talk Back. Introduction: The Revised Life and Work of Sigmund Freud. Págs. 1-3. Stanford University Press. EEUU.

Traducción por: Luis Frettlöhr Barra

 

¿Por qué es tan fácil caer en “mamadas”?

Una cosa que ha faltado en este blog es explicar por qué los seres humanos somos tan predispuestos a caer en la creencia de “mamadas.” Como ya he explicado en varias ocasiones yo utilizó la palabra “mamada” dentro de un contexto específico, por ende se vuelve un término. Este término dentro del contexto de este blog se refiere a cualquier propuesta que carece de razón o evidencia que la soporte. Cuando un charlatán pretende vendernos algo con el supuesto propósito de aliviar alguna aflicción, enfermedad, trastorno o sufrimiento sin presentar evidencia de su efectividad e incluso cuando hay buenas pruebas para afirmar que no sirve de nada, entonces eso es una “mamada.” Algunos lectores han expresado en los comentarios que este término no les agrada y que yo lo utilizó para ridiculizar las ideas, propuestas y afirmaciones de los proponentes de estas charlatanerías, y tienen mucha razón. Si no lo hiciera de esta forma, si fuera todo dentro de un contexto meramente académico e intelectual, aquellas personas a las que más les pudiera servir la información que aquí presento probablemente no les interesaría leerlo. Por eso trato de hacerlo de una manera que sea amena y divertida, pero que al mismo tiempo esté basada en hechos y no en creencias.

¿Pero qué es una creencia? Según la Real Academia Española es un: Completo crédito que se presta a un hecho o noticia como seguros o ciertos. Por lo tanto creer en alguna de las mamadas que aquí suelo presentar es simplemente darlo como un hecho, como algo seguro y cierto sin preocuparse por verificar si realmente lo es. El sostener una creencia en ocasiones también involucra el mantener ese supuesto de certeza aún cuando no exista evidencia que lo pruebe o aun cuando haya evidencia de lo contrario. Si tomamos en cuenta que nuestras vidas están repletas de situaciones en las que tenemos que tomar decisiones, desde banales hasta aquellas que pueden repercusiones importantes para nosotros y aquellos que nos rodean, podemos concluir que todos necesitamos mejores herramientas para tomar esas decisiones. ¿Será una buena idea basarnos en creencias para la toma de decisiones? Una decisión muy importante para cualquiera que sea padre o madre de familia seguramente es la de vacunar a nuestros hijos. ¿Pero qué sucede si una madre mantienen la creencia de que las vacunas causan autismo? Esta es una situación real que está creando problemas en varias partes del mundo, en donde activistas anti-vacunación mantienen una serie de creencias que surgieron en Inglaterra gracias a un médico investigador que publicó una serie de estudios que han sido refutados, la revista que los publicó los ha borrado de sus bases de datos, se le investigó por prácticas no éticas y se le quitó su licencia médica. Se hicieron una serie de investigaciones para ver si las vacunas están relacionadas con el autismo y se encontró que no existe ningún vínculo. A pesar de toda esta evidencia en contra de la creencia de que las vacunas causan problemas en el desarrollo de los niños, siguen habiendo grupos que están firmes en propagar la peligrosa idea falsa de que las vacunas producen autismo.

Pero, ¿cómo es que caemos tan fácilmente en la creencia de las mamadas que nos acosan por todos lados, diariamente en todos los medios de comunicación masivos, en internet, en nuestros círculos sociales y desgraciadamente hasta en las escuelas e instituciones de educación superior? Hay varias formas en las que todos podemos caer presa de afirmaciones que suenan posibles o ciertas pero que resultan ser falsas o sin sustento. Por este medio les presentaré algunas de ellas, las más comunes, para que de esta forma poder formar nuestro estuche de herramientas en contra de las mamadas.

1. Información de boca en boca

Muchas creencias incorrectas se transmiten por múltiples generaciones a través de la comunicación verbal. Solo porque una frase suena divertida o es fácil de recordar no quiere decir que sea cierta, desgraciadamente esto es lo que las hace tan proclives a ser transmitidas generacionalmente. Un ejemplo muy común es el típico refrán que todos hemos escuchado alguna vez: “Perro que ladra no muerde.” ¿Será cierto esto?  ¿Quién será el valiente que lo ponga a prueba? El hecho de que escuchemos alguna afirmación una y otra vez no la hace cierta. Pero esto nos puede llevar a aceptar esta afirmación como correcta, aún cuando no lo sea, porque podemos confundir la familiaridad de una frase con su certeza. Las investigaciones sobre este fenómeno han descubierto que los seres humanos somos muy propensos a creer en una afirmación cuando se nos presenta de manera repetida. En unos estudios encontraron que si una persona nos repite 10 veces la frase “fulano de tal es la mejor opción para Presidente,” es lo mismo que si lo escucháramos de 10 personas diferentes. Si somos expuestos de manera repetida a una afirmación o idea es muy probable que empecemos a verlo como un hecho o como algo acertado, aún sin tener evidencia alguna de su veracidad. Entonces nuestra primera herramienta debe ser, solo porque he escuchado muchas veces una afirmación (como la idea incorrecta de que algunas personas funcionan con el hemisferio derecho y otras con el izquierdo) no la vuelve automáticamente cierta.

Después seguiremos revisando otras formas en las que todos solemos caer en creencias falsas y como librarnos de estas mamadas. Estén pendientes y no olviden dejar sus comentarios ya que aunque algunos sean divertidos, otros interesantes y algunos brillantes todos son bienvenidos. También me pueden encontrar en mi página de facebook aquí: http://www.facebook.com/luisarnoldo.frettlohrbarra

Jacques Lacan: ¿genio o charlatán?

Una geometría implica la heterogeneidad de locus, a saber, hay un locus del Otro.  Con respecto a este locus del Otro, de un sexo como Otro, como Otro absoluto, ¿qué es lo que el más reciente desarrollo en la topología nos permite postular?” Jacques Lacan.

Si le resulta algo difícil comprender esta cita de Lacan no se preocupe, no está solo. Desde un inicio la doctrina de Lacan ha sido criticada por su sin sentido y el verdadero abuso del uso de términos tomados de otras ciencias para intentar, supuestamente, explicar la conducta humana. Pero los lacanianos por razones muy apartadas del verdadero estudio serio del comportamiento humano, defienden de manera casi fanática una doctrina que no tiene nada de científica, ni explica nada, ni es útil incluso al tratar de solo querer buscar una forma de aplicarla. A continuación les presento un extracto del libro Imposturas Intelectuales, escrito por Alan Sokal y Jean Bricmont. Algunos quizá hayan escuchado antes del experimento Sokal, les dejo a ustedes lectores la tarea de buscar tal famoso experimento en google.

Antes de iniciar con el extracto del libro, en donde se muestra el sin sentido que es la doctrina Lacaniana, creo necesario tener en cuenta algunas cosas para poder saber de que están hablando los autores. Lacan intentó utilizar procedimientos, técnicas o teorías que tomó prestadas de las matemáticas para tratar reinventar el psicoanálisis. Básicamente cae en uno de los errores clásicos de muchos intelectuales, sobre todo postmodernistas/postestructuralistas que surgen después de la segunda guerra mundial en Francia. Toman conceptos, términos, teorías, lenguaje técnico, etc. de las ciencias naturales y pretenden aplicarlos a sus teorías favoritas. En el caso de Lacan, pretende aplicar conceptos de lo que se llama topología al psicoanálisis. La topología es una rama de las matemáticas que en términos simplistas estudia figuras geométricas tridimensionales y las formas para poder calcularlas aun si estas son deformadas. En otras palabras imagine usted que tiene una botella de agua de plástico después de que un auto le paso por encima. Como calcularía usted esa botella aplastada, asumiendo que no fue desgarrada ni rota, para regresarla a su forma original. La topología se vuelve muy interesante cuando empieza a tratar con figuras que a simple vista nos parecerían extrañas. Parecería raro querer usar la topología para entender la mente humana, pero si uno toma en cuenta los preceptos del psicoanálisis, de cómo Freud llegó en algún momento a presentar la mente como una estructura topográfica, no me extraña que a alguien se le ocurriera esto.

Les dejo entonces el extracto del texto de Sokal & Bricmont para ver como toda la teoría lacaniana es producto de un charlatán y después la conclusión sobre Lacan que nos presentan los autores. Creo que está por demás mencionar que estoy de acuerdo con esta conclusión.

Inicio del extracto

[…]

En los escritos de Lacan de los años cincuenta existen ya algunas referencias a la topología, pero la primera discusión extensa y publicada data de 1966, en ocasión de una célebre conferencia sobre The Languages of Criticism and the Sciences of Man, celebrado en la Universidad de Johns Hopkins (Estados Unidos). Veamos un extracto:

Este diagrama [la cinta de Moebius]1 se puede considerar como la base de una especie de inscripción fundamental en el origen, en el nudo que constituye el sujeto. Esto llega bastante más lejos de lo que imagináis a primera vista, ya que podéis buscar el tipo de superficie capaz de recibir esta clase de inscripciones. Quizá veréis que la esfera, aquel viejo símbolo de la totalidad, no se presta a ello. Un toro, una botella de Klein, una superficie entrecruzada (cross-cut),2 son capaces de recibir un corte de esas características. Y esta diversidad es muy importante, porque explica muchas cosas acerca de la estructura de la enfermedad mental. Si se puede simbolizar el sujeto mediante este corte fundamental, del mismo modo se puede mostrar que un corte en un toro corresponde al sujeto neurótico, y en una superficie entrecruzada, a otro tipo de enfermedad mental (Lacan, 1970, págs. 192-193).

Seguramente el lector se estará preguntando qué relación existe entre estos distintos objetos topológicos y la estructura de las enfermedades mentales. Nosotros también; y el resto del texto de Lacan no aporta nada que clarifique la cuestión, pese a que el propio autor insiste en que su topología «explica muchas cosas». En el debate que siguió a su exposición aparece el diálogo siguiente:

Harry Woolf: ¿Puedo preguntar si esa aritmética fundamental y esa topología no son, en sí mismas, un mito o simplemente, en el mejor de los casos, una analogía para explicar la vida de la mente?

Jacques Lacan: ¿Analogía de qué? «S» designa algo que puede ser escrito exactamente como S. Y he dicho que la «S» que designa al sujeto es instrumento, materia, para simbolizar una pérdida. Una pérdida que tú experimentas como sujeto (y yo también). En otras palabras, ese hiato que existe entre una cosa que tiene unos significados marcados y esta otra cosa que es mi discurso real, el que intento colocar en el lugar en el que estáis, vosotros no como otros sujetos, sino como personas que sois capaces de comprenderme. ¿Dónde está lo análogo? Esa pérdida existe o no existe. Si existe, sólo es posible designarla mediante un sistema de símbolos. En todo caso, la pérdida no existe antes de que esta simbolización indique su ubicación. Esto no es una analogía. Es realmente, en alguna parte de las realidades, esta especie de toro. Este toro existe en realidad y constituye exactamente la estructura del neurótico. No se trata de un análogo; tampoco de una abstracción, pues una abstracción es una especie de reducción de la realidad, y yo pienso que es la mismísima realidad (Lacan, 1970, págs. 195-196).

Una vez más, Lacan no aporta ningún argumento para sostener su afirmación perentoria, según la cual el toro «constituye exactamente la estructura del neurótico» (signifique esto lo que signifique). Además, cuando se le pregunta explícitamente, ¡niega que se trate simplemente de una analogía!

1. Una cinta de Moebius se puede construir con una tira rectangular de papel, girando uno de sus lados cortos 180° y uniéndolo al otro lado corto. Se consigue así una superficie de una sola cara cuyos «anversos» y «reversos» están conectados por un recorrido continuo.

2. Un toro es la superficie formada por un neumático hueco. Una botella de Klein es algo parecido a una cinta de Moebius, pero sin borde; sólo se puede representar en un espacio euclidiano de, como mínimo, cuatro dimensiones. El cross-cut (gorro entrecruzado), al que Lacan llama cross-cut, seguramente por un error de transcripción, es otro tipo de superficie.

[…]

Conclusión

¿Cómo hay que valorar las matemáticas lacanianas? Los comentaristas no han logrado ponerse de acuerdo sobre las intenciones de Lacan: ¿hasta qué punto intentaba «matematizar» el psicoanálisis? No podemos dar una respuesta definitiva a esta pregunta, cosa que, en último término, tiene escasa importancia, pues las «matemáticas» de Lacan son tan fantasiosas que no pueden desempeñar ninguna función útil en un análisis psicológico serio.

No se puede negar que este autor tiene una idea vaga de las matemáticas a las que alude. Pero sólo eso: vaga y poco más. Desde luego, con sus lecciones un estudiante no aprenderá qué es un número natural o un conjunto compacto, a pesar de sus afirmaciones, en lo poco que hay de comprensible en ellas, no siempre son falsas. Sin embargo, se supera, por decirlo de algún modo, en el segundo tipo de abuso que hemos mencionado en nuestra introducción: sus analogías entre el psicoanálisis y las matemáticas alcanzan el summum de la arbitrariedad, y ni aquí ni a lo largo de toda su obra da la menor justificación empírica o conceptual de las mismas. Por último, en cuanto se refiere a la ostentación de una erudición superficial y a la manipulación de frases carentes de sentido, creemos que los textos que hemos analizado anteriormente hablan sin duda por sí mismos.

Concluyamos con algunas observaciones generales sobre la obra de Lacan. Queremos dejar bien claro que estas observaciones van bastante más allá de lo que podemos dar por probado en este capítulo, por lo que habrán de considerarse como simples conjeturas plausibles merecedoras de un examen más minucioso. El aspecto más asombroso de Lacan y de sus discípulos es, sin duda, la actitud que mantienen respecto a la ciencia, privilegiando hasta el extremo la «teoría» (es decir, en realidad, el formalismo y los juegos de palabras) en detrimento de la observación y de la experiencia. Al fin y al cabo, el psicoanálisis, suponiendo que tenga una base científica, es una ciencia relativamente joven. Antes de aventurarse en grandes realizaciones teóricas, quizá sería prudente verificar la adecuación empírica de, por lo menos, algunas de sus proposiciones. No obstante, en los escritos de Lacan se encuentran principalmente citas y análisis de textos y de conceptos.

Los defensores de Lacan (y de otros autores estudiados en este libro) tienden a responder a estas críticas con una estrategia que podríamos llamar de «ni/ni»: esos escritos no se deben valorar ni como científicos, ni como filosóficos, ni como poéticos, ni… Nos hallamos ante lo que se podría denominar «misticismo laico»: misticismo, porque el discurso intenta producir efectos mentales que no son puramente estéticos, pero sin apelar a la razón; laico, porque las referencias culturales (Kant, Hegel, Marx, Freud, matemáticas, literatura contemporánea, etc.) no tienen nada que ver con las religiones tradicionales y son atractivas para el lector moderno. Por lo demás, los escritos de Lacan adquirieron, con el tiempo, un carácter cada vez más críptico -característica común de muchos textos sagrados-, combinando los juegos de palabras y la sintaxis fracturada, y sirviendo de base para la exégesis reverente de sus discípulos. es, pues, legítimo preguntarse si no estamos, al fin y al cabo, en presencia de una nueva religión.

Fin del extracto

Tomado de: Alan Sokal & Jean Bricmont (2008). Imposturas Intelectuales. Ediciones Paidós Ibérica,S. A. España.