Flores de Bach: La Mamada Floral

El día de hoy quiero presentarles un artículo publicado en la revista Skeptic Inquirer (Julio/Agosto 1995 Vol. 19, No. 4) por McCutcheon que me pareció muy interesante y completo. Tenía pensado hacer una revisión sobre el tratamiento psicológico con Esencias de Flores de Bach ya que es una extraña doctrina que se ha vuelto popular en mi región (Tijuana, MX), pero creo que es suficiente el traducir y presentarles esta versión escrita por McCutcheon hace ya más de 16 años atrás. La había olvidado hasta que un día mientras le daba un aventón a una amiga veo que saca un frasquito oscuro con gotero y se toma varias gotas. Al preguntarle por la naturaleza de tal objeto me dice que son “gotitas de la felicidad.” En realidad eran Esencias de Flores de Bach y las estaba tomando como parte de su tratamiento psicológico el cual es obligatorio para nosotros estudiantes de la licenciatura en psicología. Mi opinión es no recomendar a esa terapeuta ya que por lo visto desconoce el método científico, la ciencia de la psicología y el método de la psicoterapia en general. Sin añadir más les presento el artículo completo a continuación.

Remedios Florales de Bach: ¿Hora de dejar de oler las flores?

Lynn McCutcheon

¿Los remedios florales para trastornos psicológicos son reales, o no son más que placebos bonitos?

Cuando compré una tienda de suplementos alimenticios hace varios años atrás, dejé una carrera como profesor de psicología que abarcó 23 años y más de 60 publicaciones –o al menos eso pensé. Una de las cosas que “heredé” con la tienda fue una pequeña colección de Remedios Florales de Bach. Estas pequeñas botellas oscuras llevaban nombres familiares, tales como nuez, vid, haya, y pino, así como otros menos familiares como cerato, clematis, y mimulus. Las botellas contenían agua supuestamente recogida del rocío depositado en ciertas flores diluido en agua pura hasta el punto en que poco o nada de la flor permanecía. Cada botella también contenía aproximadamente un cuarto de alcohol. No sabía que se suponía que estos elixires hacían y no pensé mucho en ello hasta hace poco, cuando me encontré con un libro de pasta blanda llamado Esencias de Flores de Bach para la Familia (Bach Flower Essences for the Family, Wigmore 1993).

Me he acostumbrado a ver afirmaciones como “Las vitaminas A, C, y E reducirán su riesgo de problemas cardiacos” y “El ajo reducirá su colesterol.” En una tienda de suplementos alimenticios la mayor parte de los argumentos son para beneficios fisiológicos. Pero el folleto de remedios florales hacía argumentos psicológicos, a menudo audaces y radicales: “La mostaza puede hacerlo más alegre.” “La oliva le brindará tranquilidad.” “¿Tiene una adicción? La nuez se la resolverá.” “¿Quiere relaciones más cálidas con los demás? No hay problema, saque la violeta de agua.” He contado 238 argumentos psicológicos, un promedio de 6.26 para cada uno de los 38 remedios. Para ser una persona maravillosamente bien adaptada solo añada unas cuantas gotas a un vaso con agua o jugo.

Para entender como este extraño sistema “funciona” es necesario discutir la vida de su fundador, Edward Bach. Bach fue un médico Británico quien incluso como estudiante de medicina “pasaba poco tiempo con sus libros” (Weeks 1973:16) porque estaba convencido de que su propia intuición era superior al conocimiento encontrando en libros. Después de recibir su título médico practicó la medicina convencional por un tiempo, pero su desagrado por el método científico aunado con su inclinación excéntrica lo llevó a un conflicto con la comunidad médica. Sus excentricidades incluían la creencia de que la enfermedad cardiaca es causada por la falla en desarrollar un amor por la humanidad (Bach 1977a), la noción de que el tomar baños con agua caliente abre la piel y permite que entre la suciedad (Bach 1977a), y su advertencia de que el injerto de glándulas es “diez mil veces peor que cualquier plaga” (Bach 1977a:45). Al final de los 1920s estaba convencido de que “el rocío calentado por el sol absorbe los poderes sanadores vitales de las plantas” (Tyler 1993:214). Pasó el resto de sus días identificando plantas que él sentía que eran capaces de cambiar la conducta humana para bien.

Información conflictiva hace difícil identificar al verdadero Edward Bach. Por un lado se nos dice que siempre estuvo falto de recursos, pero también se nos dice que el permitía que el club de futbol local usara su campo a un lado de su casa y que regularmente les compraba bebidas a todos en la taberna local (Weeks 1973). Se decía que era boxeador así como remero, ambas cosas demandan una salud física excelente, pero también se le describía estando enfermo por periodos prolongados de tiempo (Weeks 1973). Sus amigos se referían a él como un “líder de investigación científica” (Weeks 1973:42), pero motivaba a los demás a mantener su trabajo fuera de la ciencia (Wheeler 1977). Bach (1977) nos dice que su sistema fue “divinamente revelado” a él, pero uno de sus principales discípulos afirma que había pruebas cuidadosas y que “plantas que producían efectos secundarios eran rápidamente descartadas” (Kasloff 1988:5). Su intuición “siempre lo llevó correctamente” (Weeks 1973:39), pero “vio” el espíritu de un hombre ahogado flotar sobre el cuerpo de ese hombre e insistió que se continuara la respiración artificial por ocho horas. El hombre murió de todas formas (Weeks 1973).

Un hecho que nadie disputa es que Bach falleció en 1936 a la edad de 50, después de una larga enfermedad (Wigmore 1993). Si él realmente sabía la enfermedad del siguiente paciente, “horas antes de que el paciente llegara a su casa” (Weeks 1973:116) y realmente poseía poderes sanadores “milagrosos,” como se afirmaba, ¿por qué estaba tan frecuentemente enfermo y por qué no se pudo curar a sí mismo?

Hay otros problemas de lógica con su sistema. A pesar de la afirmación de Bach de que fue divinamente inspirado, un vistazo más cercano muestra que una de sus fuentes de inspiración era una creencia antigua falsa llamada la Doctrina de Signaturas. De acuerdo a esta doctrina la forma y figura de la fuente de una droga determina su beneficio terapéutico (Tyler 1993). Por lo tanto, en el sistema de Bach, la esencia de la flor impatiens es prescrita para impaciencia, roble y rosa de piedra se le da a aquellos que desean ser fuertes, violeta de agua se le ofrece a los apartados (¿violeta que se encoje?), y avena silvestre es lo justo para los no convencionales (sembrar avena salvaje o silvestre es una frase anglosajona utilizada para describir conductas sexuales destructivas). Hace unos cuantos siglos atrás la Doctrina de las Signaturas pudiera haber parecido atractiva, pero con los muchos avances en la ciencia de la psicología parece tan anticuada hoy en día como la práctica de encadenar enfermos mentales a las paredes de manicomios.

Bach escribió (1976:109): “Todos estos remedios son puros e inofensivos, no existe el miedo de dar mucho muy seguido. Ni tampoco puede cualquier remedio dañar si es que resulta no ser el necesitado para el caso.” Si no fuera por el alto contenido de alcohol estaría totalmente de acuerdo con estas declaraciones –un placebo no puede causar algún daño. Pero si suspendemos el buen juicio por un momento y asumimos que sus remedios realmente funcionan, entonces por qué algo que tiene el potencial de curar no puede tener también el potencial de dañar. Por ejemplo, ¿qué tal si una persona que es casi sin miedo ingiere mimulus? ¿No podría volverse tan audaz que pudiera tratar de detener un asalto a mano armada? ¿Qué tal una persona quien casi no posee sentimiento de culpa? Si ella toma madreselva, la cual supuestamente disminuye sentimientos de culpa, ¿no podría incrementar el riesgo de volverse un verdadero psicópata? Aquello que tiene el poder de ayudar también tiene el poder de dañar. ¿Por qué las Esencias de Flores de Bach podrían ser diferentes en respecto a eso de los automóviles o el poder nuclear?

Se nos dice que después del descubrimiento de los treintaiocho remedios Bach supo que no había más descubrimientos que hacer (Weeks 1973). Casi todos habían sido hallados a unas cuantas millas de la vivienda de Bach. Hay una increíble cantidad de plantas que florecen en el mundo, y desde 1936 se ha encontrado que algunas de ellas son útiles. Sin embargo, hasta donde conozco, los seguidores de Bach nunca intentaron explicar porque su sistema solo ha encontrado 38 esencias que tienen utilidad psicológica. Y tampoco, hasta donde sé, intentaron explicar la coincidencia que colocaba a casi todas ellas dentro de unas cuantas millas de la casa de Bach.

Las inconsistencias lógicas no son el único problema heredado por los discípulos de Bach. Muchos de ellos tomaron su consejo de mantener los remedios fuera de la ciencia muy en serio. Llamé a dos fabricantes principales de productos homeopáticos y pedí hablar con sus expertos en investigación. Uno “no tenía idea si funcionaba o no,” y dijo que desconocía si había investigación relevante. El otro investigador tampoco sabía de algún estudio pero opinó que pudieran “funcionar en la superficie” (sea lo que sea eso). Una búsqueda reciente a través de Psychological Abstracts (Abstractos Psicológicos) usando “Bach” y “flores” como palabras claves produjo nada de 1963 a 1993. Aparentemente, ni un solo psicólogo ha visto necesario hacer alguna investigación en este tópico en los últimos 30 años.

Creo que hay pocas razones para continuar con una búsqueda de literatura anterior a 1963, porque solo uno de los libros que leí por Bach o sus discípulos lista cualquier investigación científica en absoluto. Kaslof (1988) cita una disertación escrita por Weisglas (1979). Ese estudio comparó a dos grupos de tratamiento y un grupo placebo en cada uno de aproximadamente 300 variables dependientes –tantas que sería casi imposible no encontrar que los remedios funcionaron para algo. Por analogía, trate de imaginar 300 loterías diferentes en las cuales cada boleto tiene uno en cien probabilidades de ganar. Estas probabilidades no son buenas, pero suponga que tiene dos boletos para cada una. Bajo estas condiciones las probabilidades de ganar son el doble de buenas. De hecho, en la lotería de Weisglas las Esencias “ganaron” cinco veces. Irónicamente, una de las diferencias que favorecían a los grupos de esencias, la “sexualidad del ser,” no fue predicha por Bach. El grupo placebo o no “ganó,” o si lo hizo, no fue mencionado en el abstracto. Kaslof menciona brevemente otro estudio, pero lo no listó en las referencias. Es tan vagamente descrito que no se puede concluir nada de él. Mané un sobre con estampilla y mi dirección a Kaslof pidiéndole una descripción más detallada, pero no he recibido respuesta.

Parece ser que la única “evidencia” que apoya las muchas afirmaciones psicológicas hechas por Bach y sus seguidores son testimoniales o historias de caso (Chancellor 1971; Weeks 1973; Wheeler 1977). Por ejemplo: “Yo solía tener estos dolores misteriosos en mi espalda baja. Nada de lo que me prescribían los doctores ayudaba. Alguien me habló sobre los Remedios de Bach y ahora me tomo uno cada vez que mi espalda empieza a doler. Funciona como un encanto.” Este tipo de reseñas son fáciles de encontrar en los libros por los fieles a Bach. También son fáciles de descartar.

Los testimonios nunca deben tomarse muy en serio. Por un lado son muy fáciles de falsificar. Pero aún si asumimos que cada testimonio es estrictamente legítimo, nunca debería permitírseles como sustitutos por evidencia científica. Por cada persona que afirma que el producto X es maravilloso, puede haber diez que sienten que es inútil o casi inútil. La compañía que fabrica el producto X ciertamente no va a publicar las historias de aquellos que sintieron que fue inútil. Pero aunque fueran completamente imparciales en su publicidad probablemente tendrían menos quejas que complementos. A menos que sientan que el producto es dañino, los consumidores usualmente no se quejan; simplemente prueban otra cosa. En otras palabras, los testimonios son inútiles porque no tenemos forma de saber cuánta gente se ha beneficiado por cierto producto. Algunas de las personas que no fueron beneficiadas por los Remedios de Bach podrían sentirse tan tontas de haber tomado esencias de flores como un remedio para problemas psicológicos serios que quizá no quieran que alguien lo sepa.

Cualquier resultado favorable como resultado del uso de Remedios Florales de Bach probablemente son el resultado de nada más que un efecto placebo. Como la mayoría de los lectores del Skeptical Inquirer saben, un placebo no es un ingrediente biológicamente activo, pero muchas veces “funciona” porque la persona que lo toma cree que es efectivo. Los efectos placebo se han demostrado una y otra vez y se han encontrado en una amplia variedad de situaciones involucrando un gran número de trastornos psicosomáticos. Aparentemente Bach era un individuo con excelentes habilidades lingüísticas y una gran confianza en su habilidad para sanar. Probablemente era adepto en convencer a los pacientes de que iban a mejorar. Ciertamente fue suficientemente carismático como para atraer una banda de seguidores fieles. Irónicamente, uno de estos leales provee una anécdota que se presta muy bien como una interpretación de placebo. Al describir los poderes sanadores de su héroe, Weeks (1973:120) notó que los Remedios Florales de Bach parecían funcionar mejor para aquellos que viajaban una gran distancia para ser tratados por su maestro. Es razonable pensar que aquellos quienes viajaban grandes distancias en los caminos de Inglaterra en los 1930s para ver a un doctor pudieran estar bastante motivados para mejorarse –tan motivados que pudieran estar especialmente susceptibles a la creencia de que este carismático doctor y su inusual tratamiento pudiera traerles alivio a sus problemas.

En resumen, parece no haber evidencia confiable, inequívoca para apoyar cualquiera de las múltiples afirmaciones hechas por Bach y sus seguidores. Los Remedios de Bach que yo “heredé” cuando compre mi tienda de suplementos alimenticios se encuentran actualmente bajo el mostrador donde no pueden ser vistos. Si gente llega y los pide se los venderé, pero no tengo intención de ordenar más; y he instruido a mis empleados a no hacer afirmación alguna sobre su utilidad. Quizá ha llegado el tiempo de despertar y dejar de oler las flores.

 Referencias

Bach, E. 1977a. “Heal Thyself.” En The Bach Flower Remedies. New Canaan, Conn.: Kears. Originalmente publicado por C. W. Daniel, Essex, Inglaterra, 1931.

—, 1977. “The Twelve Healers.” En The Bach Flower Remedies. New Canaan, Conn.: Kears. Originalmente publicado por C. W. Daniel, Essex, Inglaterra, 1931.

Chancellor, P. M. 1971, Handbook of the Bach Flower Remedies. London: C. W. Daniel.

Kaslof, L. J. 1988. The Bach Remedies: A Self-help Guide. New Canaan, Conn.: Kears.

Tyler, V. E. 1993. “Paraherbalism Is a Pseudoscience.” En The Health Robbers, ed. por S. Barret y W. T. Jarvis. Buffalo, N. Y.: Prometheus.

Weeks, N. 1973, The Medical Discoveries of Edward Bach, Physician. New Canaan, Conn.: Kears. Originalmente publicado en 1940.

Weisglas, M. S. 1979. “Personal growth and conscious evolution through Bach Flower Essences.” Dissertation Abstracts International, part B, p. 3614 (1981).

Wheeler, E. J. 1977, “The Bach Remedies Repertory.” En The Bach Flower Remedies. New Canaan, Conn.: Kears. Originalmente publicado por C. W. Daniel, Londres, 1952.

Wigmore, 1993. Bach Flower Essences for the Family. Londres: publicado por el autor.

2 comentarios en “Flores de Bach: La Mamada Floral

  1. ¿Qué pasó psicoesceptico? ¿cómo están las cosas? ya hasta miedo me da preguntar si sigues vivo, ésta pregunta luego se convierte en un mal chiste.
    ¡Queremos psicoesceptico!¡Queremos psicoesceptico

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