¿Por qué estamos aquí?

Unas de las preguntas más frecuentes en la historia de la humanidad, al menos desde que empezamos a tener la capacidad de hacer preguntas, es ¿por qué estamos aquí? Hay que tener muy claro que esa pregunta es muy diferente a la de para qué. El ser humano en su estado primitivo no tenía aun la capacidad de utilizar un razonamiento lógico para responder estas cuestiones. Nuestra evolución, a través de millones de años, nos brindó la capacidad de hacer conexiones entre diferentes objetos. Esta capacidad de relacionar diferentes cosas en nuestra mente nos hizo capaces de poder imaginar como otros seres humanos pudieran también tener una mente similar a la nuestra. Yo pienso y creo que tú también piensas. Obvio en aquellos tiempos ancestrales el saber de dónde provenía esta capacidad de pensar estaba por arriba de los límites del razonamiento primitivo. Así que inventamos el concepto de espíritu. No podíamos ver, tocar, oler o experimentar en forma inmediata los pensamientos de otros y ellos tampoco podían hacer lo mismo con los nuestros. Por lo tanto, tenía lógica que nuestra percepción de nuestro espíritu o alma fuera de algo que no tiene forma, masa, que es insubstancial y no se puede ver, tocar ni oler.

Tenemos entonces que yo tengo este espíritu y es lo que me brinda la capacidad de pensar y sentir. Otros que son como yo también lo poseen (énfasis en él como yo). No tardaría mucho en llegar el primero que pensó, ¿y qué tal los animales, y si los animales porque no las plantas? Si uno tiene movimiento, vida, crece y se desarrolla, conteniendo un espíritu dentro, quizá otros seres vivos también tienen espíritus. Los ríos también se mueven, las nubes, el aire, la lluvia, todo está en constante cambio. Quizá todo ellos tiene espíritus también. El ser humano primitivo al observar todo esto y al darse cuenta de que su propia vida dependía en gran parte de estos cambios en su medio ambiente, decidió darles la capacidad humana de consciencia a todo lo que le rodeaba. Llegó la era del espiritismo, de los shamanes. Al preguntarse por qué estábamos aquí sin encontrar una respuesta en sí mismo, el ser humano antiguo recurrió a la sabiduría de esos shamanes. Ellos por supuesto que iban a darle el crédito de nuestra existencia a esos espíritus poderosos que nos rodeaban y de los cuales todos dependían para sobrevivir.

Las sociedades humanas al ir evolucionando y haciéndose más sofisticadas se dieron cuenta que el pensar en espíritus sin forma o con formas primitivas de animales y eventos de la naturaleza ya no era suficiente. Se necesitaba identificarse mejor con estos seres sobrenaturales para aceptarlos en nuestra cosmovisión. ¿Qué mejor manera de hacer conexión con ellos que antropoformizarlos? Les empezamos a dar formas humanas. No fue radical el cambio obviamente, fue lento pero seguro. Primero les dimos cabezas de animales y cuerpos de humanos o al revés, cuerpos de animales y cabezas de humanos. Poco a poco fueron incorporándose características humanas a estos espíritus primordiales. De esta manera fuimos creando a nuestros primeros dioses que no eran más que los mismos espíritus primordiales de las fuerzas de la naturaleza, pero ahora con el toque humano que los hacía más atractivos.

Al volverse más complejas y sofisticadas las comunidades humanas, al empezar a generar verdaderas civilizaciones el concepto de dioses había reemplazado casi por completo las ideas shamanísticas de los espíritus. Pero no todos esos espíritus tuvieron la actualización hacia dioses, algunos no eran tan fuertes en la mente de sus seguidores. Estos se volvieron ángeles y demonios, aptos para ser nuestros intermediarios y también para ser los culpables de nuestros males. Obvio no queremos echarle la culpa a nuestros dioses, al hacerlos más poderosos nuestro temor hacia ellos se multiplica de igual forma. Pero los demonios no son tan poderosos como esos dioses, y si les pedimos a los ángeles que nos protejan quizá pudiéramos librarnos de hambres, pestes, guerras, enfermedades, etc. Una mente moderna actual puede ser capaz de entender las razones detrás de este sufrimiento. Una mente antigua simplemente no tenía algo con que relacionar estos desastres, solamente con demonios. No tenían microscopios para descubrir a los gérmenes que causaban sus enfermedades, no tenían un buen entendimiento sobre las causas de cambios atmosféricos que traían sequías, no comprendían el comportamiento de las plagas que azotaban sus campos.

Las civilizaciones con sus dioses se fueron volviendo más complejas, con más ideas, con un mejor entendimiento. Llegó la filosofía al mundo Griego, el momento de dejar atrás creencias y buscar la verdad. Los dioses fueron quedándose atrás, el mundo natural empezó a tomar su lugar. Desgraciadamente desde otro lugar del mundo llegó otra idea y como muchas cosas que viene del oriente medio, no fue de mucho beneficio para la humanidad. La idea era de un solo dios, no de varios, sino solamente uno. El monoteísmo llegó para quedarse, aunque realmente ha cambiado mucho desde su institución. Realmente no existe ninguna religión monoteísta. Todas tienen a sus dioses, deidades, avatares, profetas, ángeles, demonios, espíritus misceláneos. Realmente todas son panteones de diferentes dioses que representan las diferentes facetas de la vida humana. El monoteísmo representado en las religiones abrahamánicas o judeocristianas (judaísmo, cristianismo e islamismo) fue útil para poder controlar mejor a las grandes ciudades en donde había mucha gente. Antes era sencillo y cualquiera podía adorar al dios que fuese más conveniente para la situación. Pero esto podía crear conflictos y hasta guerras entre los seguidores de diferentes dioses. Así que un solo dios era la evolución natural de la creencia primitiva de creer en espíritus para explicar al mundo que nos rodea.

Pero con la evolución del ser humano, con la revisión de lo que se había perdido de la civilización Griega llegaron mejores maneras de ver nuestro mundo. Desgraciadamente perdimos mucho tiempo, el cristianismo en el occidente nos trajo un prolongado tiempo de obscurantismo y retroceso. Fueron los siglos de la era oscura para la humanidad y su desarrollo. Pero con las revoluciones del renacimiento y la ilustración regresó una filosofía útil y después su primogénito, la ciencia. Ahora por fin teníamos una herramienta para la búsqueda de la verdad y no una creencia teológica de lo que debemos aceptar como verdad. Descubrimos que la tierra no es plana y que el sol y los astros no giran alrededor de ella en una bóveda celeste. Desarrollamos la física, la química, la óptica, matemáticas. Nos maravillamos con los secretos que el universo tenía para nosotros y exploramos otras tierras nuevas y espectaculares.

Hace 100 años llegó la idea que revolucionó toda nuestra existencia. Fue la gradual evolución que nuestra raza humana ha sufrido a través del tiempo. Descubrimos la evolución de las especies. Por fin pudimos observar el mundo que nos rodea y utilizando un pensamiento mucho más avanzado que el de nuestros antiguos progenitores pudimos ver la realidad de que nosotros provenimos y somos parte del mundo natural. No somos especiales, no estamos en el centro del universo y este no gira alrededor de nosotros, no fuimos creados con un propósito especial, somos la evolución de nuestra especie desde ancestros comunes. No venimos de los “changos,” ellos son nuestros primos. No es solo una creencia más como lo fue la progresión de espíritus a dioses y luego un solo dios. A diferencia de esta, la evolución, descubierta por Charles Darwin y expuesta en su libro la Evolución de las Especies, estaba basada en un razonamiento, en una manera más avanzada de ver el mundo que nos rodea, el buscar evidencias y hacer conexiones con ellas fuera de nuestra mente y expresarlas en forma de teorías.

¿Por qué estamos aquí? Porque somos la evolución natural que se dio en nuestro mundo. Porque todo cambia y los sistemas siempre van haciéndose más complejos para poder tener mayor variabilidad y probabilidades de sobrevivir. Estamos aquí porque se dieron las características necesarias para que se diera la vida en nuestro planeta. No se creó al mundo para nosotros, el mundo se formó y su progresión natural nos dio la oportunidad de surgir. Si se repitiera la historia del mundo puede ser que nunca hubiéramos aparecido. Tenemos dos grandes respuestas con mucha evidencia a su favor, la evolución de las especies que explica de dónde venimos y más allá de ella una teoría de la formación de nuestro universo basada en el Big Bang que explica de donde viene todo lo que nos rodea y lo que nos conforma. Una buena teoría no es solo un supuesto, no es solamente una creencia que puede ser o no según nuestros intereses personales. Estas dos teorías son la acumulación de hechos comprobables y que mejor explican hasta hoy nuestro universo y nuestra existencia. Sigue acumulándose más evidencia a su favor con el avance de nuestro entendimiento y descubrimientos que generamos gracias al cambio que surgió en nosotros mismos desde un pensamiento mágico sin comprensión hacia uno de observación y poner a prueba nuestras hipótesis. Vivimos en la época más emocionante de toda nuestra historia y el querer volver atrás solo para buscar consuelo sería realmente una lástima.

El seguir creyendo que tenemos un alma inmortal, que estamos rodeados de espíritus y energías divinas proviene de una mente débil e ignorante. Somos parte de algo mucho más grande y sublime que no fue creado para nosotros. Somos parte de ello, pero el universo no nos debe nada, no nos necesita, solamente existimos. Esto nos da la libertad de poder decidir qué hacer con lo que tenemos. Podemos cerrar los ojos y tapar nuestros oídos para creer solo aquello que nos conviene. Pero también podemos aprender más, conocer más y aplicarlo para mejorar nuestra existencia. Podemos dejar de sufrir pensando que alguien o algo nos creó para jugar a dios con nuestras vidas. Dejar de pensar que somos defectuosos, que se nos castigará por nuestros impulsos naturales y que fuimos nacidos desde el pecado. La humanidad ha avanzado demasiado como para querer seguir creyendo en cosas irracionales y estúpidas como las religiones, dioses y el alma inmortal. Muy probablemente no existe nada de esto, así que disfruta tu vida, solo tienes una y es maravillosa.

2 comentarios en “¿Por qué estamos aquí?

  1. Exelente Luis, esta informacion me encanto; creo que se acerca mucho a manera de vivir la vida. Te agradezco este blog y te felicito, por fin encuentro alguien de la familia a quien me interesa escuchar; y del cual se que puedo aprender un saludo…

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